El odio es oír los estruendos y contemplar cómo los obuses destruyen lo que se construyó con esfuerzo, es ver tirar el mejor árbol del bosque hachazo a hachazo con toda la rabia y frialdad de un depredador en la selva. El odio es una sensación de desasosiego, desesperada y desesperanzada. Odio es obviar tu egoísmo infinito, y confiar en el porvenir; es encontrar que progresivamente aumenta y aumenta esa capacidad de destruir nexos al exterior sin el más leve reparo. Odio es hacer que me creo tus mentiras y tretas prepotentes, perdonar las humillaciones varias y los visos de locura para seguir paciente dando más que recibo... y como un débil mental negarme al odio por considerarlo poco humano. Odio es deshumanizarte... El odio es un mecanismo de defensa, aquel que te empeñaste en dedicar, aquel que quisiste sembrar y regar... Felicidades: floreció.
El odio es primario, es humano. Pues como humano odio a quien no merece el derecho a esa condición. Odio a quien fue dotado de la inteligencia y la cultura como para poder vivir amistad, fraternidad, solidaridad o empatía; ni hablamos del amor... y se empeña conscientemente y con desdén, en renunciar a eso que le dota la condición de persona. Odio a aquel que pretenda llamarse de nuestra raza renunciando a tales valores, porque se traduce en una renuncia a los demás, a lo general, también a uno mismo por semejanza en la comparación; y, finalmente, a la propia existencia ante la contradicción de ser humano y no serlo al mismo tiempo.
Descartada tu aparente condición humana, se hace razonable pensar que precisamente esa es la causa de mi odio. Sólo algo no humano puede despertar mi odio personal, de persona.
Odiarte es ojear el periódico en busca de tu esquela. Es ver las noticias de catástrofes deseando cambiar tu cadáver por cualquiera de esos cuerpos inocentes y posiblemente amables, esto es, con capacidad de ser amados.
Odio es soñar con tu sufrir, con tu desaparición o desgracia, y despertar sonriendo pensando por un momento que el mundo es mejor y se ha librado de una oveja negra que nos desprestigia en el reino de los vivos. Odiarte es despertar del todo y saber que sigues por ahí, en algún sitio, influyendo negativamente en alguien desgraciado.
Odio es ver una mancha “chapapotosa” que invade aguas cristalinas, es ver que se nubla de repente y cambia el viento. Es observar una plaga de un mal gusano echando a perder todas las vainas. Es tener noticias de un sinuoso barco fantasma que asola nuestros mejores buques...
Odio es confiar ansioso en tu muerte dolorosa y temprana, pues será entonces cuando los sí humanos que te puedan rodear sientan por ti algo que remotamente pudieras comprender. Odio es saber que entonces suspiraré aliviado consciente de que no podrás hacer más daño, que ya no podrás vivirte.
Odio es imaginar un encuentro fortuito y pensar en esa hipótesis con deseo de insultarte y ser lo más cruel posible. Odio es seguir destruyendo con desprecio todo aquello que encuentro y te trae a mi pensamiento; es asentir con la cabeza al ponerme en situación de que alguien te ataque, o que destruyan tu ciudad y se lleven aquello que pueda ser un rastro de ti.
Te odio por ti, por lo que eres al renunciar a vivir en paz. Te odio por haberte cruzado en mi camino, y maldigo cada momento que anduvimos juntos. Recuerdo aquel engaño, esa pérdida de tiempo y trato de recuperar buenos recuerdos. Te odio porque ya no quedan de éstos, sólo está ya el rencor y las memorias de egoísmo trágico, desapego indolente y la tergiversación cruel de la realidad. Te odio y me pregunto por el momento en que iniciaste el proceso para perder la personalidad que culminaste en humillación miedosa y silenciosamente stalinista contra Trosky.
Te odio. Odio tu mundo también, contaminado y convertido en malo por tu imposición implacable. Odio el aire que exhalas y el empedrado que pisas, y es porque nada salido de ti puede tener un mínimo de bondad o de virtud pura.
Odio saber de ti. Odio saber que existes y disfrutas de una condición de vida que has robado a las buenas personas.
Te odio por no saber que te odio. Te odio por no querer saber por qué te odio.
Con odio me despido de ti. Y mucha muerte.
El Torrao.
martes, junio 02, 2009
El Odio
Etiquetas:
Desromanticismo
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