domingo, julio 03, 2016
Votar el botón
sábado, octubre 26, 2013
Estribillo sin fin
con tu sonrisa más alegre
mirándome.
Rompo a llorar.
Lloro y lloro.
Ahí estás con tu sombrero
y tu vestido veraniego
que tanto adoro.
Noto que tu tacto
moja la lluvia
en mi piel de enamorado.
Y oigo que tu risa
suena eco en mis recuerdos
y tu cuello es más largo
que nunca.
Quiero no quererte,
no necesitarte.
Todo lo que queda
es de tu parte.
Encontrarás tu olor
en mis sábanas vacías.
No olvides cerrar
la puerta al salir
porque la ciudad entera
me recuerda a ti.
No tropieces con mi corazón
esparcido por la habitación
como un puzle de amargura.
Hoy he despertado
y te he escrito
esta canción.
No sé quién soy
ni a dónde voy.
En mi gramola mental
suena este estribillo
sin final.
miércoles, enero 11, 2012
Spanish Teacher UK
Os recomiendo a un muy buen profesor de español que vive en el Reino Unido, que además es amigo mío. Es español nativo y profesor de español totalmente cualificado.
En su página ofrece clases a través de Skype o en persona; individual o en grupos.
Si quieres aprender o mejorar tu español ve directamente a www.LondonSpanishGuy.com
In English:
Let me recommend a very good Spanish Teacher based on the UK, who's also a friend of mine. He's native and fully qualified Spanish teacher.
On his web page he offers lessons via Skype or face-to-face; individual or groups.
If you want to learn or improve your Spanish go straight to www.LondonSpanishGuy.com
lunes, junio 20, 2011
Manifiesto Ecológico
Se han vivido episodios históricos en las calles de ciudades adormiladas durante décadas. SIn organización política o asociativa que podamos identificar como instigadora o protectora, la gente por iniciativa propia ha decidido ponerse de acuerdo a través de Internet para exigir lo que se le promete: el poder efectivo del pueblo.
Sin entrometernos demasiado, sólo por esta vez, en lo que se discute queremos en este caso ofrecer un Manifiesto menos conocido hasta el momento, el que firma un prestigioso Catedrático de Botánica de la Universidad de Valencia, y que se llama MANIFIESTO ECOLÓGICO.
Nos ofrece una mirada fiable de alguien respetable y alejado de propaganda, limitaciones o intereses de cualquier índole.
Un regalo que nos da alguien que con conocimiento de causa nos explica por qué es importante el medio ambiente en que vivimos y por qué debemos priorizar nuestros esfuerzos de preservarlo.
Enlace: >>MANIFIESTO ECOLÓGICO<<
El Torrao
lunes, mayo 09, 2011
Amnesia
No podía recordar dónde estaba o cómo llegué allí. Sentí angustia al tratar de forzar mis recuerdos inútilmente y saber con quién había estado o cuándo quedé dormido en ese lugar. El pánico se apoderó de mí al no saber hacia dónde ir ni contar con la más remota idea de dónde me podría dirigir desde allí. Mi pulso y mi respiración estaban acelerados y el gesto de mi cara seguramente indicaba desconcierto intranquilo.
Entonces vi que algo se movía sobre el nivel de las amapolas y supe que alguien se acercaba. Primero veía su cabeza y cuando se acercó algo más pude adivinar con alivio que se trataba de ella, mi amada. Todo cobró sentido entonces. Supe al instante dónde me encontraba y por qué estaba allí. La angustia y el miedo previos se dispersaron cuando pude admirar la gracia de su andar y la cara angelical de mi media naranja. Al ver a la mujer de mi vida pude recordarla y pude recuperar mis propios recuerdos de manera nítida. Recobrar mis pensamientos fue una sensación satisfactoria que me devolvió a la felicidad profunda de quien ha pasado su vida queriendo y siendo querido.
Comprendí que ella me hizo recobrar mis recuerdos porque ella es todo lo que recuerdo, y todo lo que recuerdo es ella, pues ella es mi vida y siempre lo fue. Recuerdo que entonces me comprometí conmigo mismo a no olvidarla jamás y me propuse que tenía que acordarme de recordarla siempre, pues recordándola a ella podría reconocerme a mí mismo.
El Torrao.
domingo, enero 23, 2011
Oportunidad
Pues bien, he encontrado un sitio que permite controlar esa parte de spam, ya que permite obtener dinero en metálico sin tener que registrarse o comprar algo. Se llama Beruby, y es como muchos sitios en uno.
Por un lado, representa la típica web de descuentos en los sitios donde habitualmente haces compras (ebay, amazon, paypal, hoteles, vuelos, apuestas...). Cada vez que compres te hacen un descuento porcentual o, directamente de dan dinero a la cuenta de Beruby que podrás cobrar cuando quieras
Por otro lado, esta empresa Beruby hace contratos con otras empresas que necesitan incrementar tráfico en su web, de modo que los usuarios de Beruby ganamos dinero por participar en la operación. ¡Dinero por visitar una web! ¡Imagina!
Por último, Beruby no ataca el correo con spam inútil; sólo sabrás de ellos cuando tú quieras entrar. Puedes configurar el panel inicial para poner los enlaces que más utilices (tu correo, el periódico, buscadores, vídeos...). Por su puesto Beruby no sabe tus claves, simplemente usas Internet como cualquier otro día, pero estando logeado en beruby y ganando dinero casi sin saberlo.
No te voy a engañar, no te vas a hacer rico. Sin embargo pronto ganarás 20-50 € al mes, y antes de un año ganarás eso a la semana. Cuanto más lo uses más ganas, así que aumentar esa cuota depende de ti. Además puedes invitar a tus compañeros de trabajo, familiares, amigos y conocidos, y cada vez que ellos ganen dinero tú también ganas.
En fin, pruébalo y se paciente. Verás como en poco tiempo puedes hacerte un regalo de vez en cuando.
El Torrao
miércoles, diciembre 15, 2010
Apagón
Ayer se fue la luz en mi edificio. La sensación de angustia recorrió mi cuerpo desde el primer momento. Estuve buscando un par de velas en la oscuridad, en esos cajones que nunca abro. Mientras las buscaba pensé en los alimentos del congelador, en mi ordenador, en la televisión...
Después de algunas horas sin luz mi pareja y yo adoptamos un estado de resignación y empezamos a bromear acerca de la primitiva situación. Finalmente, con la evidencia de que se trataba algo grave y comentar el hecho con todos los vecinos, estuvimos tratando de organizar nuestra vida sin luz para los próximos días. La frustración se instaló en mi hogar al pensar en la lavadora, en la vitro, en el móvil, el secador, la máquina de afeitar... hasta caí en la cuenta de que tendría que bajar a abrir a cualquier visita sin poder utilizar el vídeo-portero y su cómodo botón.
Todo acabó casi dos días después y, sinceramente me siento avergonzado al reconocer que no he conseguido mantener en orden mi vida debido a la falta de luz. Me he dejado una pasta innecesaria en comer fuera, ya que no podía cocinar; mi jefe me mira raro por oler como alguien que no se ha duchado últimamente; tengo unos ochenta mensajes sin leer en el correo electrónico, he tenido que tirar la mitad de la nevera y, encima he tenido que pagar una lavandería a precio de oro.
Me da la impresión de que nuestros antepasados podían vivir sin luz sencillamente porque no la tenían y si la hubieran tenido, hubiesen vivido momentos desesperados cuando se de repente se va.
Ya no quedan carros tirados por animales, ni candiles, ni máquinas de coser con un pedal que hay que mover para hacer a la máquina puntear. Lo que se nos ha enseñado es que queremos artículos que no nos exijan esfuerzo. Unos lo llaman comodidad, otros podrían llamarlo falacia cara, y en realidad luce como dejadez auto-engañosa. Osea que queremos cosas caras, inútiles y de paso, que duren poco tiempo para poder renovarlo de cuando en cuando.
Para asistir a toda esa demanda infinita lo primero que se necesita es energía. Y es fácil entender que hace ya décadas el consumo de energía se viene disparando. Para ello los gobiernos exprimen sus cerebros en busca de nuevas materias primas que quemar o alternativas aparte de la combustión de algo. Y mientras disfrutamos las últimas reservas petrolíferas del planeta, nos meten en el cerebro que tenemos que seguir consumiendo energía, y que tiene que ser además mayor que ahora. Sabemos aprovechar la energía del viento, la del sol, del mar... hasta podemos convertir nuestras huertas de hortalizas en campos de placas solares como si quisiéramos fabricar los alimentos también.
Estamos encantados de las funcionalidades del nuevo teléfono móvil, estamos acostumbrados a hacer zapping con la tele, o a ir en coche a todas partes. Eso es el bienestar, ¿no?. Resulta que es bueno para las empresas, los gobiernos, y nuestra vida en general que consumamos más y más, sin importarnos demasiado qué quedará mañana. Sobre todo porque en el futuro llegaremos a otro planeta y tendremos más energía que consumir.
Eso es lo que hemos aprendido, a consumir. Y votamos al político que promete un tren de alta velocidad para jubilar el viejo. Luego nos damos cuenta de que es mucho más caro y que consume casi diez veces más energía, pero no importa porque sigue siendo rentable.
Podemos construir pistas de esquí donde no nieva, cambiar el curso de los ríos, alterar genéticamente las plantas... podemos inventarnos lo imposible, creando y descreando a nuestro antojo.
Se nos ha dicho que es más cómodo usar el avión, y no sólo para largas distancias; queremos que al hacer la compra nos den los productos en bandejitas y que nos den una bolsa en todas las tiendas. ¿Por qué? Es evidente: por comodidad. Esa nuestra adicción
Y es que al final, económicamente vale la pena consumir más y más. Así se activa la economía, nos dicen; sube la bolsa, hay menos paro, más dinero y más bienestar, por su puesto. Ciertamente es que sí vale la pena exprimir los recursos del planeta porque cuanto más lo consumimos más ricos somos y vivimos mejor.
De modo que quemémoslo todo, que no quede ni un bosque, ni un pájaro. Llenemos el subsuelo de basura, de residuos radioactivos; acabemos con el aire de una vez hasta que no se pueda respirar. No pasa nada, el planeta es nuestro, y no al revés, y hacemos lo que queremos con él.
Así que dejemos de caminar, de mover los músculos, de cuidar lo que tenemos... de perder el tiempo en pensar en nuestros descendientes. Pues ¿para qué querrían nuestros bisnietos un planeta como este si les podemos dejar dinero suficiente para comprar nuestro propio sistemas solar?
Intuyo que todo el mundo estará de acuerdo conmigo, porque si alguien planteara lo contrario y quisiera que dejemos de explotar el planeta, ¿quién le escucharía?, ¿quién le apoyaría?, en definitiva ¿quién haría dinero? Nadie.
Mientras extinguimos todo, mi pareja y yo hemos encargado un kit para elaborar velas y esperemos acontecimientos sentados cómodamente.
El Torrao.
jueves, diciembre 09, 2010
El sueño de Juana
Juana había pasado todo aquel sábado haciendo lo que más le gustaba hacer:leer. Había invertido el tiempo recorriendo líneas frenéticamente con sus ojos y su imaginación, adentrándose en todos aquellos mundos fantásticos y personajes ficticios que se hacían reales en su mente.
Cuando se fue a la cama, le costó conciliar el sueño ya que estaba muy inquieta por seguir leyendo y saber cómo se iban a suceder los acontecimientos e imaginaba distintos desenlaces posiblemente más atractivos que los originales.
Al quedarse dormida, contempló en sueños que se encontraba en un país lejano, en una ciudad distinta a la suya. Subió los pocos peldaños de las escaleras que conducían a la entrada principal de una gran mansión de estilo victoriano que allí había. Al cruzar el umbral de la puerta pudo descubrir que aquel edificio se trataba en realidad de una grandiosa y fabulosa biblioteca. Había enormes estanterías que se elevaban hacia una gran cúpula. Era tal el tamaño de todo aquello que había escaleras de caracol que conducían a las distintas alturas.
Juana, empujada por su espíritu aventurero, se dispuso enseguida a recorrer las alturas y mantenerse ajena a los peligros de aquellas tablas viejas que pisaba. Comenzó entonces a leer, a su manera frenética y leyó y leyó hasta perder la noción del tiempo. Su corazón latía fuerte con cada giro argumental y se inquietaba más y más con la tensión que muchos autores introducían en sus historias.
Juana disfrutaba sosteniendo aquellos libros de encuadernación antigua, y disfrutando aquel olor maravilloso que desprendían. Pasó tanto tiempo ensimismada en la lectura que no percibió la presencia de ciertas personas que le observaban en la sala.
Se trataba de cuatro personajes que parecían extraídos de los libros: un señor inglés con cierta prisa por culminar un viaje alrededor del mundo; un extraño ser con apariencia infantil que declaraba ser el portador del anillo; una mujer vestida con una gran letra “A” bordada en su camisola; y una niñera cantarina con un extraño bolso del que podía sacar cualquier cosa.
Cuando Juana divisó desde las alturas aquel extravagante grupo de personajes se asustó en primera instancia. Después cayó en la cuenta de que se trataba de personajes que reconocía de los libros que había leído en esa biblioteca única.
Siguió leyendo y leyendo y nuevos personajes iban haciendo acto de presencia en la sala. Cuando pasó un tiempo Juana estaba muy emocionada, pero también muy cansada y se desanimó un poco al saber que le quedaban cientos, miles de libros por leer en aquella biblioteca antes de ver aparecer a todos los personajes que tenían que aparecer. Pensó que era el momento de hablar con aquella gente para saber qué estaba pasando allí.
Un inspector inglés que fumaba en pipa le explicó que efectivamente, eran los personajes de los libros que leía. Y que ella era la única en ese tiempo que leía queriendo leer, que era Juana la única lectora capaz de entender y dar sentido a las historias de los autores. Un hombre de hojalata le dijo también que no podría despertar de su sueño sin cumplir el cometido de liberar a los personajes de los libros y, que una vez despierta debiera difundir las historias para que más personas leyeran con la misma pasión que Juana lo hacía.
Entonces una señora con un abrigo largo de piel de dálmata soltó una fuerte y maléfica carcajada, que fue respondida con un golpe de espada de un caballero vestido de negro. Juana quiso parar aquel alboroto y anunció que cumpliría con su cometido.
Así que Juana leyó y leyó, y los personajes fueron liberados. Juana despertó la mañana del domingo y, consciente de haber salvado a los libros, y durante toda su vida se preocupó de conocer los libros y hacer entender a sus seres queridos todo lo bueno que se puede encontrar entre las páginas.
El Torrao
miércoles, septiembre 29, 2010
El puente de Juana
Ese verano estaba siendo muy caluroso. Juana y el extranjero decidieron comprarse un par de sombreros para resguardarse del sol. Estaban pasando sus vacaciones en una ciudad milenaria y habían pasado la mañana visitando monumentos y recorriendo las callejuelas enjambradas que habían resistido estoicamente el paso de los siglos.
El extranjero se adelantó con el grupo de turistas para detenerse al otro lado de un puente, que tenía tantos siglos como el propio río que cruzaba. Juana, al otro lado, se había quedado observando unos pájaros que bebían de una fuente. Y esperaba el momento adecuado en que la luz y la escena fueran dignas de la fotografía perfecta.
En el extremo del puente en el que se encontraba un extranjero había un cartel que informaba en varios idiomas sobre la historia del puente a través del tiempo. Fue construido, según se podía leer, con el propósito de traer riquezas a la ciudad. Era tan estrecho que sólo permitiría el tránsito en una dirección, la que llevaba indudablemente a las puertas de la vieja ciudad.
El extranjero se dejó llevar por su imaginación y, mirando hacia el puente, pudo ver en él mercaderes y comerciantes transportando oro y especias sobre las piedras. En esto, Juana caminaba ya sobre el puente, camino hacia el extranjero. Éste la miró, observó la suavidad de su piel bajo el sol, la gracia que le daba el sombrero de paja trenzada adquirido recientemente, y pensó en el propósito inicial de utilizar el puente para traer riquezas.
El extranjero sonrió mientras miraba hacia tal “riqueza”, y cuando Juana le alcanzó, la besó y pensó que sería el momento perfecto para que aquel puente considerara cumplida su tarea y cayera derrumbado sobre el río. Pensó que, sin duda, aquel puente fue construido desde el principio para conducir a Juana, con su magnífica riqueza, hacia los brazos del extranjero en la ciudad.
El torrao.
sábado, junio 26, 2010
Escuela de español
en la calle Bailén;
había preguntado
a noventa o a cien.
Bota la gabarra, hay que celebrar,
marmitaco, cocotxas...
no hay por qué parar.
Donde la ría del querido Nervión
encontré a mis amigos,
al lado mismo del famoso balcón.
Si quieres aprender español
no hay otro lugar,
en el Instituto Hemingway lo vas a lograr.
Visita http://www.institutohemingway.com/
viernes, diciembre 04, 2009
¿De quién es Internet?
Por fin está llegando a las conciencias de la gente de la calle todo ese gran universo que conforman las últimas nuevas tecnologías. Es habitual, hoy día, oír un mp3 en el i-pod leyendo los últimos sms registrados en la tarjeta sim. E igualmente común es abrir el laptop, mandar emails borrando spams, y navegar por la web buscando freewares como si fuésemos hackers...
Hemos tardado poco en hacernos con estos nuevos aparatos que, se han hecho vitales en nuestras vidas y se han convertido en imprescindibles. Cabe cuestionar en este punto, una vez más, nuestro papel en el momento que ocupamos en la historia como conjunto de seres. No nos inmiscuiremos demasiado en los asuntos filosóficos o trascendentales del asunto, ¿quiénes somos y adónde vamos?, más bien queremos reflexionar parados durante un momento en lo antropológico de la cuestión. Es decir, el eslabón que ostentamos en la historia desde el hombre primitivo hasta el último súper-hombre que permita la evolución, en ese punto medio en el que nos podemos encontrar ahora, como conjunto de humanidad, nos sitúa en una situación algo preocupante, si nos referimos a nuestro fin último en la vida. Si en otras épocas lejanas el hombre se preocupaba por sobrevivir a los peligros de fieras, enfermedades, guerras, etcétera, parece que los hombres de ahora buscamos algo tan grato, y a la misma vez, tan baladí como es la comodidad.
Por otro lado, y volviendo a retomar esas nuevas ventajas que disfrutamos gracias a esos aparatos que “cómodamente” hemos aceptado, parece que nos cuesta adaptarnos a la idea general de lo que representa. Se nos está haciendo un universo incontrolable entre nuestros dedos diminutos, y ni siquiera hemos sabido adaptar estos términos anglosajones a nuestra lengua de manera convincente.
Ahora que se nos ha creado otra realidad sin que lo hayamos sabido ni nadie nos haya preguntado, se nos plantea la siguiente pregunta: ¿cómo lo legislamos?. Pero Internet ya es muy grande, ya es bastante mayor y ya hay demasiadas bibliotecas, álbumes, tablas de datos, tiendas, etcétera como para borrarlo todo y empezar de nuevo. Habría demasiados puntos para resolver dispuestos en el orden del día, tales como decidir si Internet es comunista o capitalista, o si el idioma oficial tiene que ser el inglés o el esperanto, o si hay que sacarse una licencia en alguna escuela especial, o ya puestos, de qué religión son los bits en la red... Los debates potencialmente posibles tienden a infinito, y las barbaridades que probablemente se proferirían a más todavía que infinito...
La red ya está hecha y se ha ido haciendo sola, y ha escapado a censuras y controles sobre ella, más allá del propio del sistema que nos sitúa a todos en igualdad de condiciones en forma de colas de peticiones.
Desde que se empezó a popularizar Internet ha sido, desde siempre un espacio donde buscarse la vida. Una herramienta perfecta para quienes se adelantan a las leyes impuestas por los distintos poderes, y acaban vendiendo por una millonada un sitio web sólo por el nombre (caso Hipercor, y otros tantos). Todos esos estudiantes que desde hace años realizan los trabajos a base de “copiar y pegar” han podido ahorrar más tiempo y alcanzar a más información que los demás con relativo esfuerzo. Y aquellos frenéticos abre-pestañas y ansiosos responde-encuestas, que iban recibiendo muestras gratuitas o ganaban dinero o se aprovechaban de ofertas exclusivas en el otro lado del mundo gracias a tener conexión a Internet, escriben ahora libros de cómo implantar negocios que sólo existen virtualmente...
Internet ha dado mucho a muchos, en muchos sitios y durante mucho tiempo, y está siendo un medio de comunicación muy efectivo que nos facilita enormemente nuestras gestiones laborales, personales, familiares y de casi cualquier ámbito.
Tras el ataque al World Trade Center, Estados Unidos, y una gran lista de países después, motivados por la “seguridad” hicieron censurar parte de los mapas incluidos en el muy extendido Google Earth. Se eliminaron las fotos aéreas de zonas sensibles, tales como el Pentágono o el CNI español. Lo cierto es que al ser un programa instalable, todos los usuarios que ya tenían tal software, siguen pudiendo ver muchas de las imágenes que se obvian hoy.
El Parlamento Europeo hace unos años nos dio un pequeño mordisco a los europeos y nuestras libertades en forma de ley que acababa permitiendo a los operadores guardar nuestras comunicaciones telefónicas y de correo electrónico durante meses por si un juez quiere reclamar tal información en el futuro. No hubieron entonces grandes protestas, presumiblemente por la aceptación popular de perseguir terroristas y pederastas que puedan nunca usar la red para fines gravemente delictivos. Así que no se le dio más importancia que a las cámaras de vigilancia, o a que se prohíba portar líquidos en los aviones.
En Internet las leyes las han ido creando las propias páginas, los diferentes contenidos que nos han ido ofreciendo, y a la velocidad del más adelantado. Es también, una buena plataforma comercial para hacer negocio a costa de la ignorancia general, y si una empresa gana dinero desarrollando antivirus, otra puede hacerlo creándolos; si alguna compañía vende el entorno operativo para utilizar Internet a más de cien euros, podría aparecer otra que lo mejorara y posteriormente regalara; o si alguien diera con un algoritmo de búsqueda que pudiera tener algo que ver con la lógica humana, puede venir otro y comprar todas las acciones. Por último, si hay un país que limita el acceso de sus habitantes a algún sitio web concreto, puede haber personas anónimas que averigüen la forma de saltarse las restricciones, ya que suele haber una manera de abrir cualquier puerta.
Así que, sabiendo que esto es universal y que no podemos abrir y cerrar las fronteras cuando queramos ¿quién puede y debe legislar la red? ¿los americanos? ¿los que se quedaron fuera de Internet? ¿los capricornio?... Parece evidente que las empresas en la red, están fiscalizadas en un país en el mapa, así que está claro que deberán comprar y vender acogiéndose a las leyes de aquel estado. Y así viene haciéndose últimamente.
Las recientes noticias hablan de que franceses y británicos preparan sendas leyes que permitan la intromisión del Estado en el tráfico registrado por los usuarios en Internet, y la supresión del servicio al tercer aviso de exceso de descargas. Es aquí donde estas leyes llegan tarde a lo que pretenden acaparar, y los estados se arrodillan ante la súplica de compañías discográficas que no saben ni quieren competir con las copias de baja calidad que circulan en Internet. De hecho si buscamos una película en un buscador, puede que obtengamos más resultados de webs para descargar un archivo de copia de baja calidad de forma gratuita, que sitios oficiales que faciliten un dvd original con extras, folletos, subtítulos, etcétera.
Los provedores de servicio de Internet, osea, las compañías que nos proporcionan la conexión y nos dan todas esas claves raras, en algunos casos cobran diferentes franjas de precios a sus clientes por descargar más o menos cantidad de información al ciber-espacio. De modo que existe la contradicción, si se penaliza jurídicamente a un usuario por descargar lo que no debe o hacerlo con exceso, en que no parece muy lógico que sea ilegal y perseguido hacer algo por lo que se paga como servicio contratado.
No se en qué momento alguien creó la SGAE, cuyo foco de crítica suele ser el hecho de ser una empresa privada y no la administración del Estado quien gestione los intereses de los creadores (cuya principal fuente de ingresos son las ayudas gubernamentales), además de ciertas irregularidades e injusticias que ponen en peligro serio el acceso popular a la cultura. Y es injusto el llamado “canon” que nos cobra anticipadamente por si acaso queremos grabar algo con derechos en un cd, lo hagamos o no finalmente.
Cuando empezaron a surgir en España los programas de “zapping” en la tele, se sentenció que la información audiovisual que se publica es pública, y como tal puede ser tratada por otros. Así que cualquiera puede colgar en su blog una foto de Zapatero en compañía de sus hijas, si ésta se publicó en algún otro medio público, basta sólo con citar la fuente. Y esta idea está tan aceptada y es tan sumamente común contar con información referenciada, repetida en innumerables máquinas, que intentar llevar a cabo una censura efectiva sobre una foto o una canción concreta se hace inabarcable tecnológicamente hablando. Sencillamente no se puede controlar qué se hace con un archivo, o cuánto se conserva en el disco duro de un usuario, o cuántas copias se hacen del mismo. Habría que ir casa por casa, ordenador por ordenador, y comprobarlo. Además, las huellas que uno deja en Internet acaban siempre en un ordenador, en una dirección IP; es decir, basta con usar un terminal en un locutorio o de una cafetería con wi-fi para no ser nunca encontrado.
Lars Ulrich, batería de Metallica, se hizo más celebre de lo que ya era por ser el rostro conocido que denunció y consiguió cerrar Napster, más tarde le siguió con la misma suerte Audiogalaxy, y las factorías musicales no han parado de esforzarse en tratar de frenar las redes p2p, torrent y lo que surja. La justicia ha visto muchas veces contradicciones y limitaciones tecnológicas, y si había sido fácil o barato, que tampoco es que lo fuera, cerrar servidores de webs que ofrecían gran cantidad de ficheros almacenados en un ordenador localizado y accesible, no es sencillo en el caso de las redes de pares, ya que no existe tal servidor y la información está dispersa por las computadoras que usen el programa en tiempo real. Y naturalmente, se puede cerrar un ordenador por grande que sea, pero millones de ellos es demasiado complicado. De modo que, finalmente algunas compañías desisten, ya que pierden más dinero en perseguir a los ladrones de lo que reclaman.
En conclusión, parece que lo que les queda a las distribuidoras de música y cine es competir, pues no pueden hacer mucho más. Algo muy fácil, por cierto, como ofrecer canciones o películas originales y de gran calidad, que se pueda adaptar a los formatos y posibilidades que busca el usuario en forma de extras.
No parece contradictorio que alguien se baje gratuitamente una película de la que todo el mundo habla y, al parecerle adecuada para sus hijos, sobrinos o nietos, la compre para regalo con especial cariño, o pueda después buscar los muñecos o las pegatinas oficiales por los que también tenga que pagar, y lo haga gustosamente.
Y si hablamos del trabajo de algún grupo de música, cada vez son más los artistas que facilitan en Internet algún adelanto gratuito o incluso la descarga total, llegando a gran número de público y cobrando publicidad de banners, por ejemplo. Pero situándonos en el caso de un artista bajo sistema de venta tradicional (ajenos a Internet); pongamos que me gusta una canción que he oído en la televisión o en la radio, supongo que la discográfica no espera que vaya corriendo a gastarme alrededor de quince euros en un disco que no se bien si me gusta. Lo compraré si lo oigo entero y también incluye algún vídeo, o entrevistas, o borradores y notas del autor, o si tiene garantía de por vida, o todo a la vez... Lo que es competir, aunque contando con la ventaja de vender el original.
Es como si hubiesen confundido esa nuestra comodidad de la que hablábamos al principio y que perseguimos en la vida moderna, y en vez de ofrecerla se la han adaptado. La idea consistía, más bien en dar facilidades al usuario, y no oponerse al avance temerario del ritmo de la sociedad.
El consumidor de ocio en forma de películas y música ha cambiado, y ahora tiene acceso a mucha más variedad que antes. Algo que debería ser una ventaja, pero acaba siendo un motivo de queja por parte de quien se niega a aceptar eso de dar la razón a los gustos del cliente.
Igual ocurre que en los últimos tiempos se ha venido engordando una especie de burbuja, similar a la inmobiliaria, que ha afectado a la industria musical y cinematográfica en nuestro país. Tal vez lo que pasa es que la competencia les ha dejado pequeños, y resulta que esos artistas modestos que regalan su trabajo, luego reciben críticas igual de buenas, premios igual de suculentos, y resulta que son más conocidos y en más sitios y, qué casualidad, acaban dando más conciertos, en el caso de los músicos. Tal vez sucede que a partir de ahora se paga sólo por lo bueno de verdad, y la música enlatada es ya demasiado fácil de obtener, incluso sabemos los programas informáticos que utilizan para ello, así que hasta lo podríamos intentar nosotros mismos. Por no hablar de las series de ficción que se crean para Internet, y que acaban negociando contratos con productoras, recogiendo premios importantes, exportando actores...
Lo que vivimos en definitiva, es un cambio, y es mayor y más traumático para los viejos profesionales del sector, que para los nuevos o los ajenos, pues éstos últimos ya llevaron a cabo tal cambio.
El Torrao.
martes, septiembre 15, 2009
Contra Periolistos y Politiquillos
Había tenido algunas referencias en contra y a favor de un espacio televisivo titulado “El gato al agua”. Y hoy mismo me lo he encontrado en uno de esos barridos que se hacen por los diversos canales, haciendo uso del poderoso mando a distancia del televisor, pasando por las diferentes propuestas que se encuentran en emisión, en anhelante búsqueda de algo mejor o más interesante.
Es un programa de esos llamados “tertulias”, irónico sustantivo para identificar eso que resulta de quitarle a un debate cualquier atisbo de neutralidad, y aún así disfrazarlo de debate, tan común en la parrilla televisiva. Este lo conduce un señor de mediana edad, sin atisbo de calvicie o aparición de la mínima cana bajo el tinte, y con una voz y unas costumbres semánticas que le delatan como curtido locutor de radio. Con gesto impávido el hombre, excesivamente maquillado, mira a la cámara fijamente mientras habla en exquisita entonación, dando la palabra a su izquierda y derecha, a los diferentes participantes, de manera algo desigual, si acaso.
En una emisora audiovisual llamado Intereconomía, si uno se entera de que van a llevar a cabo un debate a cinco bandas sobre la crisis, puede tener la tentación de imaginar que encontrará unos tertulianos de insuperable calibre en lo que a economía se refiere. Se puede uno poner a divagar si tal vez tendrá la oportunidad de oír a algún catedrático, o tal vez a alguien súper-galardonado en los foros más prestigiosos… Estos de Intereconomía pintarían adecuados para eso, y podría caber esperarse. Sobre todo porque lo anterior que recordamos de este canal, es ver índices bursátiles moviéndose en la tele, sin meterse en los problemas de las guerras de los medios que se batallaban en otros lugares.
Pues nada de eso, el panorama que uno encuentra, desde el primer guiño por parte del moderador, es totalmente diferente a cualquier colección de eruditos que uno pueda haber soñado.
La mesa de oradores está compuesta por dos militantes del Partido Popular, uno de Unión, Progreso y Democracia1, una Periodista conocida columnista y habitual opinadora a sueldo en este tipo de parlamentos televisados , y un último Periodista al que desconocía, y que presenta una imagen elegante, al estilo italiano, con perilla de Mosquetero.
Para amenizar la conversación, y de paso evitar la sequedad de la boca de los contertulios, se les dispone a todos los participantes de una copa de vino tinto frente a ellos, para que vayan dando sorbos entre una intervención y otra. Diría yo que lo de hacer botellón en la tele es un acto de rebeldía hacia esa tendencia de eliminar de las emisoras, al menos visiblemente, los presentadores ahumados por el tabaco, o echando tragos a una copa de graduación considerable para acabar hablando a voces del mineralismo2 y su llegada inminente... Parece que este canal, Intereconomía, la cadena del toro bravo que enviste cojo, aboga por volver a las viejas costumbres televisivas.
En último lugar, me gustaría fijarme en la figura de Marian, la chica de los planos cortos. Se trata de una joven con ojos luminosos y gesto impertérrito que se encarga de informar sobre el estado de las respuestas de los espectadores acerca de la pregunta del día, y al final del programa es quien otorga a uno de los participantes el ansiado “gato al agua”, un muñeco aparentemente adquirido en un bazar asiático de bajo coste, que se adquiere por votación popular a través de los mensajes desde los teléfonos móviles de la gente. Acerca de esta mujer, me cabe preguntarme sobre la necesidad de su presencia y lo que realmente aporta a la escena que no sea machismo desbordado, y sólo reparo en sus ojos brillantes como respuesta a mi duda, dentro de nada le pondrán un escotazo, que nos indicará a los espectadores el porcentaje de audiencia del día anterior. Se me pasa por la mente la expresión “mujer florero” y se me antoja la Pilar Rubio de Intereconomía, a la que le han ahorrado hasta el hablar, por si les salía con la voz ultrasónica de la reportera de la Sexta.
El programa, naturalmente, es un insulto al Periodismo en sentido purista. Y digo naturalmente porque últimamente es lo que se espera. 59 segundos, Alto y Claro, La Noria… hay muchos y todos son lo mismo: apología de la bronca, con una única posible diferencia que se resuelve a los dos minutos de visionado: la tendencia política del medio en cuestión. Ahí se fomenta el canibalismo hacia el contrario, se incita soltar la barbaridad más innecesaria defendiendo lo indefendible y queriendo ser más papista que el Papa mismo. Se plantean contextos donde el moderador toma parte, se presenta un desequilibrio manifiesto en cuanto a partidarios de las dos posiciones (PP vs. PSOE), que también es una lástima que no suela haber diversidad y no se cuente habitualmente con los grupos minoritarios.
Si un estudiante de primer curso de una facultad de Periodismo, en ejercicio vocacional y entusiasta, se dispone a contar adjetivos y sustantivos mientras atiende a estos programas, o a cronometrar el tiempo que se les brinda a unos y a otros, podría escribir su tesis sobre ética periodística en diez minutos.
Son ellos, los periodistas titulados, los que aceptando sus propias reglas, se comprometen al rigor de la información, y no veo por qué no tengan que cumplirlo. Para más inri, si alguien les critica y les advierte de lo malévolo de mezclar opinión con información, ellos se indignan y ponen el grito en el cielo enarbolando la bandera de la libertad de expresión… ¡caramba, no es esa la única libertad que entra en juego!
Ese derecho lo tenemos los ciudadanos como individuos, por su puesto. Ahora bien, éste se ve condicionado hasta el punto de poder ser obviado si entra en conflicto con los derechos de otros. Esa es la razón por la cual un juez o un abogado no pueden airear datos sensibles que concurren en los juzgados y que conciernen a terceras personas. Así como a un médico no se le permite dedicarse a relatar quién ha sufrido tal enfermedad, o como un sacerdote que debe ser discreto con los secretos a los que pueda tener acceso en un confesionario. Tampoco a un Ingeniero aeronáutico se le puede ocurrir mandar por email a sus contactos el último diseño del proyecto de tal avión espía, ni un banquero podría pensar en compartir con alguien los números más secretos de la entidad para la que trabaja. De modo que todos como ciudadanos tenemos unos derechos, pero éstos cambian y son otros en el ejercicio responsable de nuestro trabajo. Y en el caso de los Periodistas lo que prima es el derecho a la Información veraz y neutral con la que cuentan los lectores, oyentes o telespectadores.
No sé qué ha pasado con la televisión y los medios de comunicación en general, pero alguien se los ha cargado del todo y se ha llevado lo peor de “Aquí hay tomate” y similares, al periodismo político mínimamente serio. En algún momento entre la Transición y los días que vivimos, hemos convertido los medios de prensa en medios de promoción política sectaria. Es decir, las televisiones, las radios, los periódicos, son hoy por hoy Tele-PP o Tele-PSOE.
Y son personas de carne y hueso las que están detrás de todo. Son gentes con familia, como cualquiera, criados en cualquier barrio de cualquier ciudad. Gentes a quienes se les presuponen virtudes intrínsecas en los estudios de Periodismo. Pero un día decidieron traficar con su propio espíritu crítico, ese con el que soñaban les daría fama y prestigio...
Si desde finales de los setenta el Periodismo español, pudiéramos decir que venía contribuyendo al asentamiento del Sistema Democrático español de forma pacífica, a día de hoy tenemos que darnos cuenta de que el panorama ha cambiado radicalmente, y los ángeles se han caído y son hoy demonios. Eran tiempos en que los medios eran independientes, en que se podía decir la verdad porque no se jugaban nada más que la propia dignidad profesional. Pero supongo que todos tenemos un precio…
Así que lo que se podía haber convertido en un panorama periodístico apasionante, con vocación y capacidad de despertar reflexión en la opinión pública, cada vez más numerosa en el mínimo nivel cultural, ha acabado siendo un compendio de grupos de comunicación totalmente vendidos, sectarios y autocensurados hasta lo ridículo3. Los mismos que honraron su profesión animando a conciliar las llamadas “dos Españas”, se empeñan ahora en volver a las andadas y separarnos cada vez más, aunque sea de manera artificial.
Me hierve la sangre al pensar que detrás de cada firma hay una persona, alguien independiente y ajeno que de un momento a otro se vio como parte activa en un complicado montaje de influencias. Todos esos que leían a Larra de jóvenes, aquellos que se embelesaban disfrutando aquellos discursos y ensayos en la facultad. Sin hablar de los que se jugaban el cuello literalmente con la censura… Esas grandes palabras denostadas como la objetividad, o la imparcialidad o neutralidad, o la libertad, o eso del “espíritu de la Transición”. ¿Dónde está esa limpieza virginal o ese rigor o esa lealtad a la responsabilidad del cargo? ¿Dónde quedó el respeto a nosotros mismos?
Entristece ver cómo periodistas quieren jugar a hacer de políticos, y los políticos no quieren jugar a nada, nada que no incluya hacerse un favor a sí mismo o hacer que alguien le deba un favor.
Cuando esta atmósfera irreal fundada con las técnicas más básicas de marketing y manipulación de masas4 dignas de cualquier régimen totalitarista reviente, la democracia quedará en un chiste sin gracia. En medio de la sociedad de la sobre-información, cuando más necesaria se hace la calidad de la misma, parecemos estar abocados a que jueguen con nosotros, y nos inserten en la mente lo que les venga en gana.
No conformes con que los españoles votemos por miedo, y nos conformemos con la opción que consideremos menos mala, quieren que acabemos votando por inercia, aprovechando nuestra falta de identidad y confianza real en un grupo concreto. Cuando ya no sepamos qué creer y no tengamos nada sólido en que apoyar nuestras opiniones y conclusiones, será fácil ganarse nuestro voto para quien nos ofrezca algún tipo de caramelito engañoso.
En este país se creó hace escasos años un partido político a nivel nacional totalmente nuevo, llamado UPyD. Fue fundado, básicamente, por Rosa Díez, ex-socialista cercana al antecesor Almunia, no así con Zapatero. La eurodiputada Díez hizo trascender en su momento que, entre otros, había captado para su partido a Fernando Savater, filósofo ajeno a la política hasta el momento. Sinceramente pintaba bien un partido así, muchos fuimos los que en algún momento sentimos la voluntad de escucharles.
Una vez confirmado el liderazgo definitivo en las listas de candidatos, por parte de doña Rosa, en detrimento de don Fernando, cabe preguntarse ¿a quién se ha debido tal decisión y qué virtudes básicas se valoraban? Y da miedo responderse, porque un filósofo serio en el Congreso, por entonces era necesario, y en la actualidad es urgente. Uno se echa las manos a la cabeza si recuerda los políticos de la historia de España, desde Agustín Argüelles a Adolfo Suárez, pasando por Cánovas o Ruiz-Zorrilla, y lo compara con el panorama que vivimos. Es justo decir en este punto que hoy también hay algún político respetable, sin embargo en la actualidad no tienen personalidad política individual, sino de partido. Eso provoca que el talento se vea escondido y fieramente corroído por la falta de práctica y las malas compañías con sus desatinados consejos. Ciertamente el nivel intelectual deja mucho que desear en el Congreso, y más cuando se empeñan en esconder a los que no saben gritar. No es la condición de prohombre lo que a uno le da voz, es la capacidad de tragarse la dignidad y la veracidad, para defender lo indefendible y atacar lo inatacable.
En la campaña de las pasadas elecciones generales, el diario el Mundo se mojaba y directamente pedía el voto a sus lectores para este partido recién nacido. Lo hacía con una nueva fórmula lingüística que por entonces se andaba asentando como común, “el partido de Rosa Díez”. Evidentemente, si un lector sigue los consejos de la publicación y se dirige al colegio electoral con la convicción de otorgar su confianza a el partido de Rosa Díez, no lo iba a poder hacer, ya que en las papeletas es referido con el impronunciable acrónimo.
Ellos mismos, los políticos, flagelan cualquier atisbo de sinceridad vocacional desde la que alguna vez hubieran soñado con estar en una cámara de representantes, cuando se aferran resignada y productivamente a la idea acuñada por Alfonso Guerra de “el que se mueva no sale en la foto”.
Conciudadanos, esto es que lo hemos elegido.
1 Si uno introduce las palabras “partido de Rosa Díez” como criterio de búsqueda en el conocido buscador Google, el sistema devuelve más de cinco millones de resultados; y si se introduce “unión progreso y democracia”, que es como se llama el partido, se recogen unas quinientas mil posibilidades, diez veces menos. Compruébese.
2 El mineralismo y Fernando Arrabal, un clásico. http://www.youtube.com/watch?v=ZpGJSwkmnR8
3 Ejemplo de lo ridículo en 22 segundos. http://www.youtube.com/watch?v=yIShWw-LvV0
4 “La mejor manera para convencer de una idea es la repetición infatigable de la misma.” (Mein kampf. Adolf Hitler) Ya lo decía Adolfito el mala ostia
jueves, julio 16, 2009
Carta a Sofía
Te escribo a escasos días de tu bautizo, cuando mi santo, y por menos religioso que me considere, no oculto mi orgullo de que coincidamos en lo religioso, tu bautizo y mi santo, aunque sólo sea de esa manera indirecta.
Hablando con una de tus tías abuelas pude preguntar hace poco que para qué hay que bautizar a los niños, y se me dijo que es para que vayan al cielo cuando se mueran. Después se me ocurrió plantear si era importante seguir algún tipo de rito concreto, como el católico u otro, o si daba igual a qué cielo se fuera a ir. Ahí la respuesta se tornó casi masónica, y fue que sí, que daba igual, que simplemente había que creer en algo.
Esto me revolucionó la mente y me asaltaban las dudas. Creer en algo, ¿para qué?, ¿da igual en lo que se crea? Entonces ¿por qué cada religión considera la propia como la adecuada o como la única?
Estas preguntas me hicieron reflexionar sobre lo básico de la religión. En general las religiones incitan a la gente a ser buenas personas, a llamar hermanos a los demás, a ayudar a los desfavorecidos, a no creerse con derecho a matar o a robar o a violar; a respetar a los padres, a dedicar tiempo a la reflexión a través de la oración… A este conjunto de normas básicas oirás que se les llama valores, y en todas las religiones se acaba yendo al cielo por seguir tales valores.
Creo que es en el cómic de Mafalda, que te aconsejo leas en cuanto tengas esa habilidad, donde se dice que para inventarte una religión tienes que juntar trascendencia y miedo. Es probable que aún desconozcas estos dos términos abstractos, y no seré yo quien te desvele el miedo, así que sólo te explico la trascendencia.
Lo trascendente, querida sobrina, es lo que queda de nuestras acciones mientras vivimos. Lo que decimos y hacemos resulta que afecta a la realidad, al entorno, a tus queridos y a otras personas; mas es de justicia buscar una figura a la que rendir cuentas en cualquier momento. Alguien o algo que llegado el día sepa juzgar y premiar nuestra bondad o virtud, nuestro buen hacer en compromiso con el fin último del bien común.
Todo este mejunje de pensamientos me llevó a discurrir, hablando con una de tus tías abuelas, que esos llamados valores, son efectivamente esa puerta del cielo, a todos los cielos.
Ir al cielo es aprobar ese examen personal ante alguien o algo que conozca el por qué de nuestras acciones desde la pureza, y sepa vislumbrar nuestro compromiso con los demás y, por ser seres muy iguales, con nosotros mismos. Aquello que oirás llamar muchas veces el “fondo” de las personas…
Ir al cielo, en definitiva, es haber sido buena persona. Y por eso a tu tía abuela no le importa a qué cielo vayas a ir, siempre y cuando vayas a alguno, siempre y cuando seas buena persona…
Después me pregunté acerca de quienes no se bautizan, porque también los hay así ¿sabes?, y conocerás algunos que igualmente han ido o irán a algún cielo desconocido hasta ahora. Y tal vez encuentres ahí una contradicción si pensabas como tu tía abuela que sólo quien se bautiza puede ir a uno de los paraísos estipulados. Es cuando te halles ante esa duda que yo descubrí en aquel momento, cuando deberás acordarte de que tu tío te dijo una vez, en una carta escrita días antes de que te bautizaran, que simplemente es que el cielo no está en el cielo sino mucho más cerca; y también que te acuerdes del nombre con que fuiste bendecida: Sofía.
Tu nombre deberás escribirlo bien claro y siempre empezando en mayúsculas, y también convendría que supieras que significa algo, su etimología griega quiere decir “sabiduría”. Y fomentando tu nombre y su significado como personalidad propia sabrás descubrir, en los sabios griegos o en la sabia Mafalda, que el cielo de verdad está en Alkibiades y en Carlitos, es decir en las vidas de los demás.
Ya que indefectiblemente cambiarás en algún modo la vida de quien te rodea, preocúpate de influenciar con generosidad e influír desde el amor y la bondad. Entonces estarás en el cielo, cuando estés en los demás y sigas viviendo en otras vidas, en otras almas para hacer el bien.
Será que estás en el cielo si te siguen profesando amor aún cuando ya no estés.
Te dejo por último una cuestión que ya me responderás con el tiempo, ¿hace falta haber muerto para ir al cielo?
El Torrao
viernes, febrero 27, 2009
Aslama Bislama
Para nosotros Túnez es la capital de Túnez, nos es lo mismo; y parece que las olas del Mediterráneo que nos separa, son bastante altas como para no permitirnos advertir la sutil diferencia entre Túnez (Tunisia) y la ciudad de Tunis, y resulta extremadamente chocante comprobar que los tunecinos diferencian con alegría entre catalanes, gallegos, vascos, o madrileños. Conocen y asumen con respeto y fraternidad nuestras cuestiones, así como saben del pasado histórico mozárabe, califal o mudejar de la península ibérica, sin que resulte humillante ni digno de resquemor ni, menos aún, de venganza. Exclaman con alegría la palabra "sabotaje", exagerando la pronunciación de la jota, recalcándola casi hasta lo expectorante. Además de lo cómico de la cuestión, eso nos hermana con ellos en cierta medida, con las gentes de habla árabe en general, ya que nos recuerdan que una palabra así, que existe en las lenguas europeas y que se pronuncia en todas ellas prácticamente igual, con la sola diferencia del fonema de la jota, y que sólo los hispanohablantes pronunciamos tan fuerte como ellos, el sonido el de la jota, muy común en el vocabulario árabe.
Entre el desierto y la costa, entre los oasis y las montañas, entre las salinas y las medinas, entre el sur y el norte, entre los bereberes y los tuaregs, entre los dromedarios y los caballos, entre las palmeras y los olivos, entre lo africano y lo europeo… existe siempre un manto de contrastes mezclados que lo cubre todo de mestizaje grato, exprimiendo un jugo de influencias que conforman una excelsísima personalidad sobre esa tierra.
Cuando un turista intenta ser amable en la medina y trata de usar el habla local, hace bien en intentar pronunciar el vocablo adecuado para dar las gracias en algún momento. “Chókran” (pronunciado shókran) es confundido fácilmente por shúkren, que significa azúcar, y aún más comúnmente por sókran, leve diferencia en la liquidez de la ese para llamar borracho a quien se pretende agradecer, despertando automáticamente la hilaridad de quien lo escucha.
En la zona de Douz los dromedarios reivindican, con su paciente paso, la soberanía del desierto y recuerdan, con su actitud pasiva y resabiada su monótona adaptación a las rutas por las dunas y la arena, transportando todo aquello que había sido visto en los barcos, o mercancías traídas por elefantes de la selva, durante miles de años. Por ello los pastores de estos bonachones animales, otorgan su esfuerzo y su espacio apreciando la importancia de un auténtico símbolo de la supervivencia ancestral, a través de la paciencia constante en silencio, y la conciencia tajante sobre el despilfarro de esfuerzos físicos. Y se presenta curiosa la comparación con los habitantes tunecinos, que por impetuosos vendedores y testarudos persuasores que puedan lucir, jamás experimentan algo lejanamente parecido al estress moderno. Muchos pasan las horas sentados con un té junto a una pared cuarteada, sin apenas mover los párpados, sin hacer un gesto ni mover un músculo bajo la chilaba que no esconde unos boxers ni unos slips nuevecitos. Y de la modernidad uno se acuerda al ver colgada la carne sin refrigerar, a veces la res entera. Un inspector de Sanidad de nuestro país se quedaría sin tinta rellenando partes de incidencias en el primer mercado tunecino que visitara, mas una vez allí es necesario resignarse a lo tecnológicamente antigüo que no necesariamente insalubre. Y no, nuestros antepasados tampoco tenían neveras, ni grandes fábricas ni rascacielos, ni papel higiénico...
Allí cualquier lugar es un lugar exótico que invita a soñar despierto, inspirado en aquellos relatos fantásticos de ambientación arábiga, a los que uno haya podido tener alcance mínimamente, y se ven como un espejismo allá donde no hay nada, o eso parece, y uno quiere imaginar columnas de centuriones romanos a un costado, formaciones de panzers nazis a otro, o los otomanos, y complatar la escena con Liz Taylor caracterizada de Cleopatra y los mismísimos Asterix y Obelix con una cantimplora, sobrevolados por las vainas de carreras de Skywalker...
Sólo traigo gratos recuerdos que me llenan de gozo al recordar desde que salimos el grupo de Travelplan compuesto por 53 almas ignorantes deslumbradas en cada instante por la grandeza de lo que se presenta tan singularmente único que parecía improbable. El jugo de las palmeras deshojadas, la piel seca del dátil sin miel ni azúcar recién bajado por un impetuoso y muy ágil habitante trepador, el aroma del jazmín y la esencia de cactus, que tanto sabemos apreciar los occidentales cuando le cambiamos el nombre por otro más pomposo y cínicamente comercial. El té y esos vasos específicos y atractivamente decorados, el cuscús, el cordero, el arroz con pollo, el pollo con arroz, el dinar, los milibs (milésimas de unidad monetaria). Las haimas ingeniosamente sostenidas en tensión, los dromedarios ataviados para conducir a la novia hacia su boda, aquella molinera en casas escarbadas en la piedra como trogloditas, las rosas del desierto formadas por la cristalización de la arena. La numerosa policía con aportación femenina, la variedad de gorros y pañuelos para cubrirse del sol, la antigua vía romana, la coincidencia en el hotel con el equipo nacional de halterofilia. Los arcenes de tierra de las carreteras principales, tanto para caminantes como para carros tirados de burros, como para salvar la situación de peligro que pueda crear un conductor incauto, normalmente libio, o la manguerita junto al inodoro, que despertaba nuestros jocosos comentarios e invitaba a la reflexión sobre quién es el guarro... No quiero olvidar nada, disfruté cada momento.
En Túnez uno puede deleitar sus sentidos al respirar el aroma del jazmín y un minuto después asquear el gesto al oler carne podrida en el final del día de mercado. Se puede comprobar con tristeza cómo las mujeres van solas o con otras mujeres, nunca mezcladas con hombres, sepultadas bajo telas de colores alfigidos; y recorrer después unos kilómetros en el tiempo para encontrarlas sentadas en las terrazas con grupos mixtos de amigos, luciendo unos pantalones tejanos y un bonito peinado. Alguien también podría fijarse en los comercios de los zocos, totalmente sobrecargados de platos de cerámica y de metal, de darbukas, de especias, de joyas y souvenirs negociados por un adulador muy insistente, que con una sonrisa cautivadora te invita a pasar a su tienda como si fuese su casa, y pasarse después a contemplar el lado de la vida en que uno cultiva su día a día en el huerto y acerca en un cajón a la carretera lo que le puede sobrar, para venderlo a quien pase si es que decide parar ahí y no donde ofrecen gasolina libia de contrabando en garrafas verdes.
Mi equipaje se ve engordado de buenos momentos después de aquella cena en la gran haima de Tozeur, con abuso abismal de aquel vino, disfrutando de un espectáculo con música, bailes, luchas de espadas, con aquel instrumento de viento que soplaba incesante sin extenuación. Las serpientes y escorpiones que impresionaban a las mentes occidentales allí presentes, nos eran menos temibles por vestir chilabas bordadas para la fiesta y turbantes correctamente instalados en nuestras cabezas, que habíamos adquirido a un comerciante practicando o dejándonos practicar el arte y deporte del regateo.
Me alegro de que aquel brrebaje tunecino nos entusiasmara y acabásemos expresando al guía nuestro agradecimiento y buen sentir por la presencia de aquel tipo extraño que lideraba la manada de Hakuna Matata, y le cantásemos con sinceridad, en humilde loor de multitudes, aquello de “Ridha javivi” (Ridha te quiero). Cuando quedamos el grupo de Tronco+25 entre Monastiri y Sousse, enfrente de la isla de Sicilia, donde me fotografié junto a Kalem, que conocía el fútbol español mejor que yo, donde practiqué el deporte acuático de la solidaridad ociosa en la piscina con aquel holandés flotante y sus taheños hijos voladores; y donde compartí un desplazamiento en tren con una tunecina de nombre palestino, con una bonita mirada y que además leía a Hemingway, con cuya animada conversación y perfecto conocimiento del inglés quedé embriagado...
Todo eso tan irrepetible, tan único, tan distante, tan antiguo, tan inolvidable, tan sumamente intenso que viví en Túnez... Creo que amo a Túnez.
Adiós Túnez, o dicho en tu lengua, bislama Túnez. Nunca te querré olvidar.
jueves, julio 24, 2008
Canción alegre de Gil Splitz
Morilán, baranil, dedillán.
y pimpom.
pira la cura billón.
pete la vela
cata la puebla
vega te peta brisón.
des papillón
berre peté
saca ni cabla sansón.
Mala madura
pier casadura
mara caristo mansón.
dimiribé
pic
disodesé
pac
cimari má sodisé.
mica mi cabla
mar cabidura
pica di mala madón.
sor morité
mar cosiyé
maca mi cabra
mar babilero
cada mataca
el dil sostelero.
porropo ron.
pic.
porropo ron.
pac.
porropo ron
porropo ron
tic tac
porropo ron
ron
*Para Gustavo, el uruguasso de la cuatro cero cuatro, el tipo del saxofón, allá donde existas.
El Torrao
lunes, julio 07, 2008
Berlín Este 1946: El repudiador repudiado
-¿Qué programa?
-No lo se, lo siento pero no soy de aquí
-Enjabonado, aclarado, encerado y abrillantado es el completo
-Pues el normal
-... Cuatro sesenta
-Pues tenga
-... Señor... Se tiene que meter en el coche...
-Ah, ¿si?. ¿No puedo verlo desde fuera?
-... Señor... Alguien tiene que sacar el coche del túnel...
-Ah, ya veo. Supongo que pocos días se encuentra usted con un cliente que nunca haya estado en un túnel de lavado... Yo, yo es que no soy de aquí... En mi pueblo lavo el coche en mi jardín con una pistola a presión. Allí tengo una casa grande y un montón de frutales, pero aquí en la ciudad no hay espacio para nada... ¿verdad?
-Por favor, señor... métase en el coche
jueves, mayo 01, 2008
El nacimiento de Sleipnir
Se abre el telón y aparecen en escena un comité de dioses longevos, vestidos con túnicas y ropajes con aire erudito y con gesto afligido, en compañía de un guerrero claramente extranjero.
Jinete: Será una gran muralla — les anuncia —, una barrera inconquistable para enemigos malintencionados. No más allá de dieciséis meses habrán pasado, que vuestras preocupaciones quedarán sepultadas.
Odín: ¿Y cuál será el precio de tal hazaña? — pregunta Odín el sabio serenamente —.
Jinete: Tan sólo la diosa Freya como esposa — contesta el desconocido como si de una cortesana hablara —. Y también el Sol y la Luna.
Narrador: Los dioses se enfurecieron ante semejante osadía, y habrían echado al hombre fuera de Asgard por atreverse a pensar que una hermosa deidad como Freya podía cambiarse por un trabajo de albañilería. Pero Loki quiso negociar.
Loki: Si puedes edificar la muralla en seis meses, trato hecho. — Se apresura enseguida a dominar las expresiones de sorpresa ante tal asunto, y susurra al divino consejo — En seis meses tan sólo podrá ser capaz de construir la mitad, pero al menos ésta no nos supondrá coste alguno.
Narrador: El foráneo alarife dirigió su mirada hacia la joven Freya, quien se bañaba en lágrimas de oro, quedó deslumbrado un momento y aceptó finalmente; solicitó únicamente cuidados para su caballo, su viejo compañero que le era vital en semejante empresa.
Narrador: Durante todo ese invierno, el extraño cabalgador trabajó duramente, y con la ayuda de su leal y aguerrido percherón acarreó suficientes piedras para levantar una gran muralla infranqueable alrededor de Asgard. Al llegar la florida primavera, la construcción iba muy avanzada y el tiempo se convertía en una soga para los dioses, pero puesta en el delicado cuello de Freya.
Odín: Imprudente de ti, Loki — reprende Odín enfurecido — creíste engañar a un embaucador, pensabas servirte de tus divinos talentos dando por amplia tu ventaja. Pues viendo que no es así, la responsabilidad te llama y precisa de tales talentos los tuyos. No pudiérase permitir que Freya fuera nunca esposa de tal hombre, quien además se viene sospechando como un gigante disfrazado. Y ni nombrare a los dioses supremos, el Sol y la Luna, y la sola posibilidad de perderlos en temeraria apuesta. A tus artes apremio a evitar dejarnos encerrados en media muralla sin diosa del amor y la sabiduría, sin el Sol, sin la Luna y con hondo oprobio. El honor... Altas cuestiones que aquí se ponen en juego y deberás pensar en partir exiliado.
Narrador: Loki reflexionó acariciando despacio sus luengas barbas y concluyó que había que tratar de engañar a un pícaro.
Loki: Concluiréis como yo que depende de su montura, pues aún tratándose de un burdo rocín, el abyecto rufián podría dejar de cumplir su parte de lo acordado si le falta la bestia.
Se cierra el telón. Con el telón abajo se oye la voz del narrador.
Narrador: Loki había sido bendecido con la facultad de la metamorfosis, y una ocasión siendo de noche, bajo el abrigo de la diosa Luna y, transformado en hermosa yegua, sedujo hacia sí al animal del obrero. Al despertar, aquel hombre taimado era sólo un recuerdo, y se encontraba ahora encolerizado al no verse capaz de acabar la edificación a tiempo teniendo que trabajar él solo. — Se oyen gritos desesperados —. En tal momento tenso, los peores presagios de los sabios se confirmaron al descubrir bajo ingenioso disfraz un gigante, gran enemigo de los dioses revelado a los rayos del Sol.
Se oye gran revuelo.
Narrador: Thor, nervudo hijo de Odín, se dirigió valientemente al encuentro del gigante y le confirió un fuerte golpe en el cráneo con el martillo de Miollnir. — Se oye un golpe seco, y otro después más perturbado —. Una vez neutralizado en gigante problema, Loki consideró seguro volver a Asgard y trajo consigo a Sleipnir, un extraño caballo gris dotado con ocho largas patas, que quiso ofrecer como obsequio a Odín.
Se abre el telón y aparecen en escena los personajes debidamente caracterizados.
Loki: Caballo alguno igualará jamás en velocidad a éste. No hallárase ni lejos que se buscara, bestia capaz de igualar a Sleipnir o compararse con su excelsa vigorosidad, ni menos aún que pudiera intentar competir en fuerza o resistencia. Es capaz de ir frenéticamente de un extremo a otro del horizonte tantas veces como para recorrer sin descanso los ocho vientos que soplan desde sus respectivos puntos cardinales. Este hierático animal cabalga igual por tierra, que por mar, que por aire. Serás prudente cuando conozcas también que, montando un aparentemente ordinario caballo, pudieras llegar a pisar la Tierra donde moran los Muertos y de nuevo vuelta aquí. Sabrás acometer tal asunto, lo que se ha llamado Asgardreid, con suma cautela.
Odín: Acepto tu honorable regalo en amable gesto tuyo, pero no como quien recibe un recuerdo ornamental, sino como quien asume una nueva condición para con el deber. Mi camino procurará ahora memorables aventuras y proezas montado en tan noble corcel, que saciarán tu conciencia y nos darán buen nombre. ¡Por Sol que este digno trotón y yo mismo seremos los guardianes de la Luna!
Se cierra el telón.
FIN ACTO PRIMERO
El Torrao.
Imprimir
sábado, marzo 01, 2008
Sociedad abuela
La noche que mi yerno mató a mi hija yo estaba en la casa. Llevaban ya un rato de discusión, tan acalorada como otras muchas veces. Yo, como en tantas ocasiones, escuchaba la riña desde mi habitación. Se hablaban con odio y se lanzaban improperios muy crueles. Mi yerno gritaba y daba golpes a las cosas, y cuando perdía la paciencia, algunas veces la ataba hasta que ella se calmara. Entonces mi hija volvía a la carga, y yo susurraba desde el cuarto contiguo: “No le provoques, hija”, como si de alguna forma pudiese llegar a merecer lo que después le ocurriera. La situación empeoró cuando mi yerno dijo que tras años no habían tenido hijos por culpa de mi hija, y que si no podía quedarse embarazada era una mierda de mujer y no servía para nada. Mi hija dio entonces un paso más, y le confesó que había ido varias veces de visita médica y que lo que ocurría era problema de él y su fertilidad. Mi yerno se sintió tan avergonzado, tan humillado y tan hondamente herido en su masculinidad, que cogió un cuchillo de cocina que había sobre la mesa y lo hundió en el cuerpo de mi Lolita dieciséis veces. Pagó así su ira con gesto desencajado y gritando “Así aprenderás, así aprenderás”. Ahora, ocho años después de aquello, sigo en esta casa que mi difunto marido comprara hace más de cincuenta años, y tengo que vivir a temporadas con mi yerno, pues tras cumplir condena por asesinar a mi Lolita, éste sigue siendo su domicilio, el domicilio conyugal. Me llamo Conchita Pereiro, tengo ochenta y un años, y tengo una historia triste que contar.
Fui yo quien enseñó a mi Lolita a ser una buena esposa, aunque, en vez de buena, me doy cuenta de que era más bien una esposa prepararla para la sumisión. En la época en que ella y yo vivíamos con su marido, se acostumbró a recibir órdenes por ambas partes. Yo le enseñé a cocinar, a tener la casa limpia, a coser, y sobre todo, a que al marido no le faltara de nada. La gente joven puede no comprender, que era lo normal. En esa época los políticos decían que “la mujer tiene un trabajo: sus labores, y un futuro: el matrimonio”. La sociedad lo aceptaba de manera general, principalmente porque no teníamos cultura ni personalidad. Muchas veces sonaba en la radio “Es mi hombre” de Sara Montiel y ambas cantábamos al son, mi Lolita tenía una voz muy dulce. Esa canción decía “Si me pega me da igual, es natural”, y en aquel momento nadie se planteaba la barbaridad que representaba asumir tal extremo. Los anuncios se dirigían a las mujeres cuando se trataba de vender productos de limpieza, y a los hombres si se trataba de publicidad de tabaco. Si el hombre en cuestión aparecía además rodeado de mujeres y una copa de brandy, se le ascendía a la posición de "hombre de verdad". Entonces las mujeres nos reuníamos en el mercado e íbamos de tenderete en tenderete sintiendo que era territorio femenino, era nuestro feudo entre iguales a los que no había por qué agasajar ni bajar la mirada en gesto de servilismo. Los pocos hombres que hubiera serían vendedores o mozos de cajas. También era común entre las mujeres cuando había visita en casa de algún caballero, que dejáramos a los hombres a solas para que hablasen de “cosas importantes” considerando que nosotras no podíamos saber nada de nada al pasar el día entre fogones y cuerdas de tender y, si acaso, podríamos ofrecer algún tentempié. Sin embargo si la visita era de una amiga, se recibía en la cocina.
Algo de todo esto queda y veo ahora mujeres modernas que mandan a sus maridos a comprar algún ingrediente que les haga falta para cocinar, mas el marido necesita de una lista y se ve muy inseguro en un entorno sin polvo, ni humo, ni obligación de usar casco. El “hommo inútillus” ha sido siempre una comodísima posición a adoptar por parte de los hombres, pues ha sido para ellos un escaqueo legítimo y que ni siquiera han tenido que solicitar o que ganárselo, sino que se les ofrece sin más. De alguna manera nosotras lo hemos consentido y provocado, y al “mandarles” a ellos a la compra nos asumimos aún como responsables de tal tarea de la casa, tarea de todos quienes allí habitan. Se da por descontado que un hombre de verdad no sabe comprar, ni cocinar, ni hacer camas, ni mucho menos conocer el proceso por el que una camisa arrugada y maloliente se convierte en reluciente y perfumada. También ésta postura machista ha sido cómoda durante mucho tiempo para las mujeres, pues nos ha eximido de tener que trabajar fuera de casa; lo malo es que el trabajo en casa no se ha considerado nunca trabajo, así que el amo y señor de la casa siempre era el mismo, el que traía el dinero al hogar. Es más, un hombre de verdad jamás consentiría que su esposa tuviera que trabajar. Entonces nos educaban con la idea de ser princesitas mantenidas, aunque finalmente terminábamos más bien de Cenicientas. A cuántos varones, niños incluso, se les libera del simple gesto de recoger la mesa o limpiarse los zapatos. Siempre hay una abuela, o una madre o una hermana que lo haga por él. Esto sigue latiendo cuando todas estas señoras preguntan ahora a sus nietos si “ayudan” a sus mamás en las tareas. “Ayudar a sus mamás”. Sigue siendo su responsabilidad entonces...
Siempre he controlado firmemente el modo de vestir o de maquillarse de mi hija. La eduqué para que fuese una señorita respetable y digna. Entonces confundíamos la dignidad con la castidad, y yo misma me sentí feliz cuando mi Lolita me dijera en el día de su boda que había esperado a abrir “su flor” cumpliendo una promesa que años atrás yo le hiciera perjurar. Había palabras que nos daba vergüenza pronunciar, por si era pecado o algo así, como virginidad por “la flor” o sexo, palabra que siempre fue camuflada y de forma tímida decíamos “seso”. Este tema siempre se ha satanizado y las mujeres entonces vivíamos el acto como algo pecaminoso, y nos quedábamos boca arriba con los brazos parados y los ojos fijos en la imagen de la virgen que pudiese haber en la habitación. Siempre se consideró un trámite para procrear y para que el marido se desahogara, pero no como un disfrute para nosotras, eso de ninguna manera. La que podía ser sospechosa de tal disfrute, o siquiera tuviese cualquier iniciativa con los hombres, se le llamaba buscona o fresca y se le dirigían miradas condenatorias.
En definitiva, a mi hija le eduqué para entregarla a un hombre y que cuidara siempre de éste, como si de un niño grande se tratara, a cambio de poco o nada, alguna joya a lo sumo; y pagó muchas veces mis imperdonables atrevimientos con su dignidad, y al final, con su propia vida.
Lo que me parece ver ahora es que vertí en mi hija miedos absurdos, mitos injustos y tabús fundados en el pecado mortal, para no ser nada por sí misma, sino para servir, para obedecer, para anularse, para no vivir, para morir... Y mi penitencia es ahora vivir en la guarida del mismo lobo que tantas veces he adorado y a quien tantos cuidados regalaba, mientras él mordisqueaba a mi propia hija entre sus fauces.
Nota del autor: Si alguien se sintiera ofendido/a por el texto que antecede, pido disculpas y que se vuelva a leer. El Torrao.
Imprimir
miércoles, febrero 20, 2008
Cuenca Cuencos
Hace mucho mucho tiempo, cuando todavía no se habían inventado las palabras, vivía un pequeño grupo de hombres primitivos en las praderas de un país que ya no existe. Sus vidas eran tranquilas, pasaban el día recogiendo leña seca para calentarse y recolectando frutos en el bosque, que les servían como alimento y también como tinte para decorar su entorno, sus ropas o sus cuerpos. Convivían en armonía sin más sobresaltos que los provocados por alguna que otra fiera que no se dejaba cazar fácilmente.
Pero llegó un día, en mitad del verano, que amaneció muy nublado, el aire se hacía pesado al respirar y se oían cantos inquietos de muchos pájaros en el bosque. Era de día pero reinaba una gran oscuridad, no llovía pero la tierra que pisaban se sentía diferente. Un pequeño grupo de valientes había salido en busca de algún venado que cazar. En ese ambiente enrarecido todos ellos avanzaban agazapados y en silencio, y con el gesto muy tenso. Se miraban entre sí con desconfianza, y el sólo crujido de las hojas aplastadas por los compañeros que caminaban alrededor resultaban extremecedores.
Entonces los grandes y rectos árboles comenzaron a retorcerse cobrando formas sinuosas entre las penumbras. Los fuertes latidos del grupo y el aliento agónico se agravaron cuando apareció en el cielo, en un claro entre los árboles, un gran dragón de enormes alas y cola afilada. Las erupciones de fuego que expulsó entre sus colmillos atemorizadores, dividieron caóticamente a los cazadores, y empezaron a correr en todas las direcciones. El más joven tropezó y quedó atrapado en el suelo bajo un tronco de árbol que le inmovilizaba las piernas. Entonces el miedo se apoderó de él y la angustia le hacía permanecer de espaldas al peligro escupe-fuego. Permanecía con los ojos cerrados pensando, tal vez, que con ese gesto se libraría del dragón. Pero recordó entonces la manera con que el chamán de su poblado ahuyentaba los malos espíritus y augurios. Así que mantuvo los ojos cerrados haciendo mucha fuerza, dio tres palmadas acompasadas y muy sonoras. Seguidamente cerró los puños con todas sus fuerzas y gritando imitó los sonidos que recordaba del chamán: UUU, OOO, AAA. Por último extendió sus brazos abriendo bien las palmas y estirando bien los dedos. Empezó, poco a poco, a despegar los párpados y, en ese nuevo despertar el sol lucía en lo alto como si hubiese estado haciéndolo toda la mañana, no había rastro del dragón que sólo hacía unos instantes había revolucionado la escena con su presencia, y en su lugar se oían las más alegres melodías de los cánticos de los pájaros. Tampoco quedó ni rastro de la rama que le atrapaba, y un grupo de venados apareció tras los riscos como si nada hubiese ocurrido allí.
Desde entonces, todos los niños del mundo libramos batallas contra nuestros miedos y, siguiendo esos sencillos pasos, logramos salir airosos de todos los contratiempos. Mientras cobramos fuerza y seguridad ante los problemas vamos cayendo en la cuenta de lo efectivo que era aquel sistema sin palabras, sólo con gestos. Comprendemos la importancia de la actitud con la que abordemos nuestras vivencias. Fin.
El Torrao.
Imprimir