(English below)
Os recomiendo a un muy buen profesor de español que vive en el Reino Unido, que además es amigo mío. Es español nativo y profesor de español totalmente cualificado.
En su página ofrece clases a través de Skype o en persona; individual o en grupos.
Si quieres aprender o mejorar tu español ve directamente a www.SpanishTeacherUK.tk
In English:
Let me recommend a very good Spanish Teacher based on the UK, who's also a friend of mine. He's native and fully qualified Spanish teacher.
On his web page he offers lessons via Skype or face-to-face; individual or groups.
If you want to learn or improve your Spanish go straight to www.SpanishTeacherUK.tk
miércoles, enero 11, 2012
Spanish Teacher UK
lunes, junio 20, 2011
Manifiesto Ecológico
En tiempos "revolucionarios" hemos leído por la red lo que se está diciendo que es la nueva ola de pensamiento social. Varios textos han dado la vuelta al mundo animando a los ciudadanos a levantar la voz, a despertar, a quejarnos si algo en nuestro mundo no nos parece de recibo.
Se han vivido episodios históricos en las calles de ciudades adormiladas durante décadas. SIn organización política o asociativa que podamos identificar como instigadora o protectora, la gente por iniciativa propia ha decidido ponerse de acuerdo a través de Internet para exigir lo que se le promete: el poder efectivo del pueblo.
Sin entrometernos demasiado, sólo por esta vez, en lo que se discute queremos en este caso ofrecer un Manifiesto menos conocido hasta el momento, el que firma un prestigioso Catedrático de Botánica de la Universidad de Valencia, y que se llama MANIFIESTO ECOLÓGICO.
Nos ofrece una mirada fiable de alguien respetable y alejado de propaganda, limitaciones o intereses de cualquier índole.
Un regalo que nos da alguien que con conocimiento de causa nos explica por qué es importante el medio ambiente en que vivimos y por qué debemos priorizar nuestros esfuerzos de preservarlo.
Enlace: >>MANIFIESTO ECOLÓGICO<<
El Torrao
lunes, mayo 09, 2011
Amnesia
Desperté boca abajo y supe que estaba en el suelo, con la cara en la tierra y rodeado de plantas que mis ojos no podían enfocar bien por la luz intensa del día. Me di la vuelta e incorporé mi cuerpo para situarme en un campo de amapolas completamente desconocido para mí. Miré a mi alrededor por encima del mar verde y rojo que se extendía por todo el lugar sin llegar a divisar nada reconocible.
No podía recordar dónde estaba o cómo llegué allí. Sentí angustia al tratar de forzar mis recuerdos inútilmente y saber con quién había estado o cuándo quedé dormido en ese lugar. El pánico se apoderó de mí al no saber hacia dónde ir ni contar con la más remota idea de dónde me podría dirigir desde allí. Mi pulso y mi respiración estaban acelerados y el gesto de mi cara seguramente indicaba desconcierto intranquilo.
Entonces vi que algo se movía sobre el nivel de las amapolas y supe que alguien se acercaba. Primero veía su cabeza y cuando se acercó algo más pude adivinar con alivio que se trataba de ella, mi amada. Todo cobró sentido entonces. Supe al instante dónde me encontraba y por qué estaba allí. La angustia y el miedo previos se dispersaron cuando pude admirar la gracia de su andar y la cara angelical de mi media naranja. Al ver a la mujer de mi vida pude recordarla y pude recuperar mis propios recuerdos de manera nítida. Recobrar mis pensamientos fue una sensación satisfactoria que me devolvió a la felicidad profunda de quien ha pasado su vida queriendo y siendo querido.
Comprendí que ella me hizo recobrar mis recuerdos porque ella es todo lo que recuerdo, y todo lo que recuerdo es ella, pues ella es mi vida y siempre lo fue. Recuerdo que entonces me comprometí conmigo mismo a no olvidarla jamás y me propuse que tenía que acordarme de recordarla siempre, pues recordándola a ella podría reconocerme a mí mismo.
El Torrao.
domingo, enero 23, 2011
Oportunidad
Estaréis hartos de ver publicidad en Internet. Hubo una época, al principio de Internet en España, en que se conseguían cosas gratis, descuentos y promociones muy jugosas. Hoy esas promociones siguen existiendo más o menos, sólo que ahora a cambio debes permitir llenar tu dirección de correo de spam, siempre tan molesto.
Pues bien, he encontrado un sitio que permite controlar esa parte de spam, ya que permite obtener dinero en metálico sin tener que registrarse o comprar algo. Se llama Beruby, y es como muchos sitios en uno.
Por un lado, representa la típica web de descuentos en los sitios donde habitualmente haces compras (ebay, amazon, paypal, hoteles, vuelos, apuestas...). Cada vez que compres te hacen un descuento porcentual o, directamente de dan dinero a la cuenta de Beruby que podrás cobrar cuando quieras
Por otro lado, esta empresa Beruby hace contratos con otras empresas que necesitan incrementar tráfico en su web, de modo que los usuarios de Beruby ganamos dinero por participar en la operación. ¡Dinero por visitar una web! ¡Imagina!
Por último, Beruby no ataca el correo con spam inútil; sólo sabrás de ellos cuando tú quieras entrar. Puedes configurar el panel inicial para poner los enlaces que más utilices (tu correo, el periódico, buscadores, vídeos...). Por su puesto Beruby no sabe tus claves, simplemente usas Internet como cualquier otro día, pero estando logeado en beruby y ganando dinero casi sin saberlo.
No te voy a engañar, no te vas a hacer rico. Sin embargo pronto ganarás 20-50 € al mes, y antes de un año ganarás eso a la semana. Cuanto más lo uses más ganas, así que aumentar esa cuota depende de ti. Además puedes invitar a tus compañeros de trabajo, familiares, amigos y conocidos, y cada vez que ellos ganen dinero tú también ganas.
En fin, pruébalo y se paciente. Verás como en poco tiempo puedes hacerte un regalo de vez en cuando.
El Torrao
miércoles, diciembre 15, 2010
Apagón
Ayer se fue la luz en mi edificio. La sensación de angustia recorrió mi cuerpo desde el primer momento. Estuve buscando un par de velas en la oscuridad, en esos cajones que nunca abro. Mientras las buscaba pensé en los alimentos del congelador, en mi ordenador, en la televisión...
Después de algunas horas sin luz mi pareja y yo adoptamos un estado de resignación y empezamos a bromear acerca de la primitiva situación. Finalmente, con la evidencia de que se trataba algo grave y comentar el hecho con todos los vecinos, estuvimos tratando de organizar nuestra vida sin luz para los próximos días. La frustración se instaló en mi hogar al pensar en la lavadora, en la vitro, en el móvil, el secador, la máquina de afeitar... hasta caí en la cuenta de que tendría que bajar a abrir a cualquier visita sin poder utilizar el vídeo-portero y su cómodo botón.
Todo acabó casi dos días después y, sinceramente me siento avergonzado al reconocer que no he conseguido mantener en orden mi vida debido a la falta de luz. Me he dejado una pasta innecesaria en comer fuera, ya que no podía cocinar; mi jefe me mira raro por oler como alguien que no se ha duchado últimamente; tengo unos ochenta mensajes sin leer en el correo electrónico, he tenido que tirar la mitad de la nevera y, encima he tenido que pagar una lavandería a precio de oro.
Me da la impresión de que nuestros antepasados podían vivir sin luz sencillamente porque no la tenían y si la hubieran tenido, hubiesen vivido momentos desesperados cuando se de repente se va.
Ya no quedan carros tirados por animales, ni candiles, ni máquinas de coser con un pedal que hay que mover para hacer a la máquina puntear. Lo que se nos ha enseñado es que queremos artículos que no nos exijan esfuerzo. Unos lo llaman comodidad, otros podrían llamarlo falacia cara, y en realidad luce como dejadez auto-engañosa. Osea que queremos cosas caras, inútiles y de paso, que duren poco tiempo para poder renovarlo de cuando en cuando.
Para asistir a toda esa demanda infinita lo primero que se necesita es energía. Y es fácil entender que hace ya décadas el consumo de energía se viene disparando. Para ello los gobiernos exprimen sus cerebros en busca de nuevas materias primas que quemar o alternativas aparte de la combustión de algo. Y mientras disfrutamos las últimas reservas petrolíferas del planeta, nos meten en el cerebro que tenemos que seguir consumiendo energía, y que tiene que ser además mayor que ahora. Sabemos aprovechar la energía del viento, la del sol, del mar... hasta podemos convertir nuestras huertas de hortalizas en campos de placas solares como si quisiéramos fabricar los alimentos también.
Estamos encantados de las funcionalidades del nuevo teléfono móvil, estamos acostumbrados a hacer zapping con la tele, o a ir en coche a todas partes. Eso es el bienestar, ¿no?. Resulta que es bueno para las empresas, los gobiernos, y nuestra vida en general que consumamos más y más, sin importarnos demasiado qué quedará mañana. Sobre todo porque en el futuro llegaremos a otro planeta y tendremos más energía que consumir.
Eso es lo que hemos aprendido, a consumir. Y votamos al político que promete un tren de alta velocidad para jubilar el viejo. Luego nos damos cuenta de que es mucho más caro y que consume casi diez veces más energía, pero no importa porque sigue siendo rentable.
Podemos construir pistas de esquí donde no nieva, cambiar el curso de los ríos, alterar genéticamente las plantas... podemos inventarnos lo imposible, creando y descreando a nuestro antojo.
Se nos ha dicho que es más cómodo usar el avión, y no sólo para largas distancias; queremos que al hacer la compra nos den los productos en bandejitas y que nos den una bolsa en todas las tiendas. ¿Por qué? Es evidente: por comodidad. Esa nuestra adicción
Y es que al final, económicamente vale la pena consumir más y más. Así se activa la economía, nos dicen; sube la bolsa, hay menos paro, más dinero y más bienestar, por su puesto. Ciertamente es que sí vale la pena exprimir los recursos del planeta porque cuanto más lo consumimos más ricos somos y vivimos mejor.
De modo que quemémoslo todo, que no quede ni un bosque, ni un pájaro. Llenemos el subsuelo de basura, de residuos radioactivos; acabemos con el aire de una vez hasta que no se pueda respirar. No pasa nada, el planeta es nuestro, y no al revés, y hacemos lo que queremos con él.
Así que dejemos de caminar, de mover los músculos, de cuidar lo que tenemos... de perder el tiempo en pensar en nuestros descendientes. Pues ¿para qué querrían nuestros bisnietos un planeta como este si les podemos dejar dinero suficiente para comprar nuestro propio sistemas solar?
Intuyo que todo el mundo estará de acuerdo conmigo, porque si alguien planteara lo contrario y quisiera que dejemos de explotar el planeta, ¿quién le escucharía?, ¿quién le apoyaría?, en definitiva ¿quién haría dinero? Nadie.
Mientras extinguimos todo, mi pareja y yo hemos encargado un kit para elaborar velas y esperemos acontecimientos sentados cómodamente.
El Torrao.
jueves, diciembre 09, 2010
El sueño de Juana
Juana había pasado todo aquel sábado haciendo lo que más le gustaba hacer:leer. Había invertido el tiempo recorriendo líneas frenéticamente con sus ojos y su imaginación, adentrándose en todos aquellos mundos fantásticos y personajes ficticios que se hacían reales en su mente.
Cuando se fue a la cama, le costó conciliar el sueño ya que estaba muy inquieta por seguir leyendo y saber cómo se iban a suceder los acontecimientos e imaginaba distintos desenlaces posiblemente más atractivos que los originales.
Al quedarse dormida, contempló en sueños que se encontraba en un país lejano, en una ciudad distinta a la suya. Subió los pocos peldaños de las escaleras que conducían a la entrada principal de una gran mansión de estilo victoriano que allí había. Al cruzar el umbral de la puerta pudo descubrir que aquel edificio se trataba en realidad de una grandiosa y fabulosa biblioteca. Había enormes estanterías que se elevaban hacia una gran cúpula. Era tal el tamaño de todo aquello que había escaleras de caracol que conducían a las distintas alturas.
Juana, empujada por su espíritu aventurero, se dispuso enseguida a recorrer las alturas y mantenerse ajena a los peligros de aquellas tablas viejas que pisaba. Comenzó entonces a leer, a su manera frenética y leyó y leyó hasta perder la noción del tiempo. Su corazón latía fuerte con cada giro argumental y se inquietaba más y más con la tensión que muchos autores introducían en sus historias.
Juana disfrutaba sosteniendo aquellos libros de encuadernación antigua, y disfrutando aquel olor maravilloso que desprendían. Pasó tanto tiempo ensimismada en la lectura que no percibió la presencia de ciertas personas que le observaban en la sala.
Se trataba de cuatro personajes que parecían extraídos de los libros: un señor inglés con cierta prisa por culminar un viaje alrededor del mundo; un extraño ser con apariencia infantil que declaraba ser el portador del anillo; una mujer vestida con una gran letra “A” bordada en su camisola; y una niñera cantarina con un extraño bolso del que podía sacar cualquier cosa.
Cuando Juana divisó desde las alturas aquel extravagante grupo de personajes se asustó en primera instancia. Después cayó en la cuenta de que se trataba de personajes que reconocía de los libros que había leído en esa biblioteca única.
Siguió leyendo y leyendo y nuevos personajes iban haciendo acto de presencia en la sala. Cuando pasó un tiempo Juana estaba muy emocionada, pero también muy cansada y se desanimó un poco al saber que le quedaban cientos, miles de libros por leer en aquella biblioteca antes de ver aparecer a todos los personajes que tenían que aparecer. Pensó que era el momento de hablar con aquella gente para saber qué estaba pasando allí.
Un inspector inglés que fumaba en pipa le explicó que efectivamente, eran los personajes de los libros que leía. Y que ella era la única en ese tiempo que leía queriendo leer, que era Juana la única lectora capaz de entender y dar sentido a las historias de los autores. Un hombre de hojalata le dijo también que no podría despertar de su sueño sin cumplir el cometido de liberar a los personajes de los libros y, que una vez despierta debiera difundir las historias para que más personas leyeran con la misma pasión que Juana lo hacía.
Entonces una señora con un abrigo largo de piel de dálmata soltó una fuerte y maléfica carcajada, que fue respondida con un golpe de espada de un caballero vestido de negro. Juana quiso parar aquel alboroto y anunció que cumpliría con su cometido.
Así que Juana leyó y leyó, y los personajes fueron liberados. Juana despertó la mañana del domingo y, consciente de haber salvado a los libros, y durante toda su vida se preocupó de conocer los libros y hacer entender a sus seres queridos todo lo bueno que se puede encontrar entre las páginas.
El Torrao
miércoles, septiembre 29, 2010
El puente de Juana
Ese verano estaba siendo muy caluroso. Juana y el extranjero decidieron comprarse un par de sombreros para resguardarse del sol. Estaban pasando sus vacaciones en una ciudad milenaria y habían pasado la mañana visitando monumentos y recorriendo las callejuelas enjambradas que habían resistido estoicamente el paso de los siglos.
El extranjero se adelantó con el grupo de turistas para detenerse al otro lado de un puente, que tenía tantos siglos como el propio río que cruzaba. Juana, al otro lado, se había quedado observando unos pájaros que bebían de una fuente. Y esperaba el momento adecuado en que la luz y la escena fueran dignas de la fotografía perfecta.
En el extremo del puente en el que se encontraba un extranjero había un cartel que informaba en varios idiomas sobre la historia del puente a través del tiempo. Fue construido, según se podía leer, con el propósito de traer riquezas a la ciudad. Era tan estrecho que sólo permitiría el tránsito en una dirección, la que llevaba indudablemente a las puertas de la vieja ciudad.
El extranjero se dejó llevar por su imaginación y, mirando hacia el puente, pudo ver en él mercaderes y comerciantes transportando oro y especias sobre las piedras. En esto, Juana caminaba ya sobre el puente, camino hacia el extranjero. Éste la miró, observó la suavidad de su piel bajo el sol, la gracia que le daba el sombrero de paja trenzada adquirido recientemente, y pensó en el propósito inicial de utilizar el puente para traer riquezas.
El extranjero sonrió mientras miraba hacia tal “riqueza”, y cuando Juana le alcanzó, la besó y pensó que sería el momento perfecto para que aquel puente considerara cumplida su tarea y cayera derrumbado sobre el río. Pensó que, sin duda, aquel puente fue construido desde el principio para conducir a Juana, con su magnífica riqueza, hacia los brazos del extranjero en la ciudad.
El torrao.
sábado, junio 26, 2010
Escuela de español
Por fin lo he encontrado
en la calle Bailén;
había preguntado
a noventa o a cien.
Bota la gabarra, hay que celebrar,
marmitaco, cocotxas...
no hay por qué parar.
Donde la ría del querido Nervión
encontré a mis amigos,
al lado mismo del famoso balcón.
Si quieres aprender español
no hay otro lugar,
en el Instituto Hemingway lo vas a lograr.
Visita http://www.institutohemingway.com/
viernes, diciembre 04, 2009
¿De quién es Internet?
Por fin está llegando a las conciencias de la gente de la calle todo ese gran universo que conforman las últimas nuevas tecnologías. Es habitual, hoy día, oír un mp3 en el i-pod leyendo los últimos sms registrados en la tarjeta sim. E igualmente común es abrir el laptop, mandar emails borrando spams, y navegar por la web buscando freewares como si fuésemos hackers...
Hemos tardado poco en hacernos con estos nuevos aparatos que, se han hecho vitales en nuestras vidas y se han convertido en imprescindibles. Cabe cuestionar en este punto, una vez más, nuestro papel en el momento que ocupamos en la historia como conjunto de seres. No nos inmiscuiremos demasiado en los asuntos filosóficos o trascendentales del asunto, ¿quiénes somos y adónde vamos?, más bien queremos reflexionar parados durante un momento en lo antropológico de la cuestión. Es decir, el eslabón que ostentamos en la historia desde el hombre primitivo hasta el último súper-hombre que permita la evolución, en ese punto medio en el que nos podemos encontrar ahora, como conjunto de humanidad, nos sitúa en una situación algo preocupante, si nos referimos a nuestro fin último en la vida. Si en otras épocas lejanas el hombre se preocupaba por sobrevivir a los peligros de fieras, enfermedades, guerras, etcétera, parece que los hombres de ahora buscamos algo tan grato, y a la misma vez, tan baladí como es la comodidad.
Por otro lado, y volviendo a retomar esas nuevas ventajas que disfrutamos gracias a esos aparatos que “cómodamente” hemos aceptado, parece que nos cuesta adaptarnos a la idea general de lo que representa. Se nos está haciendo un universo incontrolable entre nuestros dedos diminutos, y ni siquiera hemos sabido adaptar estos términos anglosajones a nuestra lengua de manera convincente.
Ahora que se nos ha creado otra realidad sin que lo hayamos sabido ni nadie nos haya preguntado, se nos plantea la siguiente pregunta: ¿cómo lo legislamos?. Pero Internet ya es muy grande, ya es bastante mayor y ya hay demasiadas bibliotecas, álbumes, tablas de datos, tiendas, etcétera como para borrarlo todo y empezar de nuevo. Habría demasiados puntos para resolver dispuestos en el orden del día, tales como decidir si Internet es comunista o capitalista, o si el idioma oficial tiene que ser el inglés o el esperanto, o si hay que sacarse una licencia en alguna escuela especial, o ya puestos, de qué religión son los bits en la red... Los debates potencialmente posibles tienden a infinito, y las barbaridades que probablemente se proferirían a más todavía que infinito...
La red ya está hecha y se ha ido haciendo sola, y ha escapado a censuras y controles sobre ella, más allá del propio del sistema que nos sitúa a todos en igualdad de condiciones en forma de colas de peticiones.
Desde que se empezó a popularizar Internet ha sido, desde siempre un espacio donde buscarse la vida. Una herramienta perfecta para quienes se adelantan a las leyes impuestas por los distintos poderes, y acaban vendiendo por una millonada un sitio web sólo por el nombre (caso Hipercor, y otros tantos). Todos esos estudiantes que desde hace años realizan los trabajos a base de “copiar y pegar” han podido ahorrar más tiempo y alcanzar a más información que los demás con relativo esfuerzo. Y aquellos frenéticos abre-pestañas y ansiosos responde-encuestas, que iban recibiendo muestras gratuitas o ganaban dinero o se aprovechaban de ofertas exclusivas en el otro lado del mundo gracias a tener conexión a Internet, escriben ahora libros de cómo implantar negocios que sólo existen virtualmente...
Internet ha dado mucho a muchos, en muchos sitios y durante mucho tiempo, y está siendo un medio de comunicación muy efectivo que nos facilita enormemente nuestras gestiones laborales, personales, familiares y de casi cualquier ámbito.
Tras el ataque al World Trade Center, Estados Unidos, y una gran lista de países después, motivados por la “seguridad” hicieron censurar parte de los mapas incluidos en el muy extendido Google Earth. Se eliminaron las fotos aéreas de zonas sensibles, tales como el Pentágono o el CNI español. Lo cierto es que al ser un programa instalable, todos los usuarios que ya tenían tal software, siguen pudiendo ver muchas de las imágenes que se obvian hoy.
El Parlamento Europeo hace unos años nos dio un pequeño mordisco a los europeos y nuestras libertades en forma de ley que acababa permitiendo a los operadores guardar nuestras comunicaciones telefónicas y de correo electrónico durante meses por si un juez quiere reclamar tal información en el futuro. No hubieron entonces grandes protestas, presumiblemente por la aceptación popular de perseguir terroristas y pederastas que puedan nunca usar la red para fines gravemente delictivos. Así que no se le dio más importancia que a las cámaras de vigilancia, o a que se prohíba portar líquidos en los aviones.
En Internet las leyes las han ido creando las propias páginas, los diferentes contenidos que nos han ido ofreciendo, y a la velocidad del más adelantado. Es también, una buena plataforma comercial para hacer negocio a costa de la ignorancia general, y si una empresa gana dinero desarrollando antivirus, otra puede hacerlo creándolos; si alguna compañía vende el entorno operativo para utilizar Internet a más de cien euros, podría aparecer otra que lo mejorara y posteriormente regalara; o si alguien diera con un algoritmo de búsqueda que pudiera tener algo que ver con la lógica humana, puede venir otro y comprar todas las acciones. Por último, si hay un país que limita el acceso de sus habitantes a algún sitio web concreto, puede haber personas anónimas que averigüen la forma de saltarse las restricciones, ya que suele haber una manera de abrir cualquier puerta.
Así que, sabiendo que esto es universal y que no podemos abrir y cerrar las fronteras cuando queramos ¿quién puede y debe legislar la red? ¿los americanos? ¿los que se quedaron fuera de Internet? ¿los capricornio?... Parece evidente que las empresas en la red, están fiscalizadas en un país en el mapa, así que está claro que deberán comprar y vender acogiéndose a las leyes de aquel estado. Y así viene haciéndose últimamente.
Las recientes noticias hablan de que franceses y británicos preparan sendas leyes que permitan la intromisión del Estado en el tráfico registrado por los usuarios en Internet, y la supresión del servicio al tercer aviso de exceso de descargas. Es aquí donde estas leyes llegan tarde a lo que pretenden acaparar, y los estados se arrodillan ante la súplica de compañías discográficas que no saben ni quieren competir con las copias de baja calidad que circulan en Internet. De hecho si buscamos una película en un buscador, puede que obtengamos más resultados de webs para descargar un archivo de copia de baja calidad de forma gratuita, que sitios oficiales que faciliten un dvd original con extras, folletos, subtítulos, etcétera.
Los provedores de servicio de Internet, osea, las compañías que nos proporcionan la conexión y nos dan todas esas claves raras, en algunos casos cobran diferentes franjas de precios a sus clientes por descargar más o menos cantidad de información al ciber-espacio. De modo que existe la contradicción, si se penaliza jurídicamente a un usuario por descargar lo que no debe o hacerlo con exceso, en que no parece muy lógico que sea ilegal y perseguido hacer algo por lo que se paga como servicio contratado.
No se en qué momento alguien creó la SGAE, cuyo foco de crítica suele ser el hecho de ser una empresa privada y no la administración del Estado quien gestione los intereses de los creadores (cuya principal fuente de ingresos son las ayudas gubernamentales), además de ciertas irregularidades e injusticias que ponen en peligro serio el acceso popular a la cultura. Y es injusto el llamado “canon” que nos cobra anticipadamente por si acaso queremos grabar algo con derechos en un cd, lo hagamos o no finalmente.
Cuando empezaron a surgir en España los programas de “zapping” en la tele, se sentenció que la información audiovisual que se publica es pública, y como tal puede ser tratada por otros. Así que cualquiera puede colgar en su blog una foto de Zapatero en compañía de sus hijas, si ésta se publicó en algún otro medio público, basta sólo con citar la fuente. Y esta idea está tan aceptada y es tan sumamente común contar con información referenciada, repetida en innumerables máquinas, que intentar llevar a cabo una censura efectiva sobre una foto o una canción concreta se hace inabarcable tecnológicamente hablando. Sencillamente no se puede controlar qué se hace con un archivo, o cuánto se conserva en el disco duro de un usuario, o cuántas copias se hacen del mismo. Habría que ir casa por casa, ordenador por ordenador, y comprobarlo. Además, las huellas que uno deja en Internet acaban siempre en un ordenador, en una dirección IP; es decir, basta con usar un terminal en un locutorio o de una cafetería con wi-fi para no ser nunca encontrado.
Lars Ulrich, batería de Metallica, se hizo más celebre de lo que ya era por ser el rostro conocido que denunció y consiguió cerrar Napster, más tarde le siguió con la misma suerte Audiogalaxy, y las factorías musicales no han parado de esforzarse en tratar de frenar las redes p2p, torrent y lo que surja. La justicia ha visto muchas veces contradicciones y limitaciones tecnológicas, y si había sido fácil o barato, que tampoco es que lo fuera, cerrar servidores de webs que ofrecían gran cantidad de ficheros almacenados en un ordenador localizado y accesible, no es sencillo en el caso de las redes de pares, ya que no existe tal servidor y la información está dispersa por las computadoras que usen el programa en tiempo real. Y naturalmente, se puede cerrar un ordenador por grande que sea, pero millones de ellos es demasiado complicado. De modo que, finalmente algunas compañías desisten, ya que pierden más dinero en perseguir a los ladrones de lo que reclaman.
En conclusión, parece que lo que les queda a las distribuidoras de música y cine es competir, pues no pueden hacer mucho más. Algo muy fácil, por cierto, como ofrecer canciones o películas originales y de gran calidad, que se pueda adaptar a los formatos y posibilidades que busca el usuario en forma de extras.
No parece contradictorio que alguien se baje gratuitamente una película de la que todo el mundo habla y, al parecerle adecuada para sus hijos, sobrinos o nietos, la compre para regalo con especial cariño, o pueda después buscar los muñecos o las pegatinas oficiales por los que también tenga que pagar, y lo haga gustosamente.
Y si hablamos del trabajo de algún grupo de música, cada vez son más los artistas que facilitan en Internet algún adelanto gratuito o incluso la descarga total, llegando a gran número de público y cobrando publicidad de banners, por ejemplo. Pero situándonos en el caso de un artista bajo sistema de venta tradicional (ajenos a Internet); pongamos que me gusta una canción que he oído en la televisión o en la radio, supongo que la discográfica no espera que vaya corriendo a gastarme alrededor de quince euros en un disco que no se bien si me gusta. Lo compraré si lo oigo entero y también incluye algún vídeo, o entrevistas, o borradores y notas del autor, o si tiene garantía de por vida, o todo a la vez... Lo que es competir, aunque contando con la ventaja de vender el original.
Es como si hubiesen confundido esa nuestra comodidad de la que hablábamos al principio y que perseguimos en la vida moderna, y en vez de ofrecerla se la han adaptado. La idea consistía, más bien en dar facilidades al usuario, y no oponerse al avance temerario del ritmo de la sociedad.
El consumidor de ocio en forma de películas y música ha cambiado, y ahora tiene acceso a mucha más variedad que antes. Algo que debería ser una ventaja, pero acaba siendo un motivo de queja por parte de quien se niega a aceptar eso de dar la razón a los gustos del cliente.
Igual ocurre que en los últimos tiempos se ha venido engordando una especie de burbuja, similar a la inmobiliaria, que ha afectado a la industria musical y cinematográfica en nuestro país. Tal vez lo que pasa es que la competencia les ha dejado pequeños, y resulta que esos artistas modestos que regalan su trabajo, luego reciben críticas igual de buenas, premios igual de suculentos, y resulta que son más conocidos y en más sitios y, qué casualidad, acaban dando más conciertos, en el caso de los músicos. Tal vez sucede que a partir de ahora se paga sólo por lo bueno de verdad, y la música enlatada es ya demasiado fácil de obtener, incluso sabemos los programas informáticos que utilizan para ello, así que hasta lo podríamos intentar nosotros mismos. Por no hablar de las series de ficción que se crean para Internet, y que acaban negociando contratos con productoras, recogiendo premios importantes, exportando actores...
Lo que vivimos en definitiva, es un cambio, y es mayor y más traumático para los viejos profesionales del sector, que para los nuevos o los ajenos, pues éstos últimos ya llevaron a cabo tal cambio.
El Torrao.

